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La inteligencia hecha forma

"Para ser un buen diseñador no basta con ser bueno. Hay que ser un buen economista, un fantástico relaciones públicas y si, además, eres simpático y hablas inglés, pues mejor", dijo ayer Fernando Amat, propietario de la tienda Vinçon, de Barcelona, ante el centenar de asistentes al I Congreso de Diseño de la Comunidad, que se celebra desde ayer en el Museo San Pío V de Valencia. Vinçon es desde 1965 un espacio concebido para normalizar el diseño, un concepto para el que, en opinión de Amat, habría que buscar otra palabra menos sufrida. "Me gusta que la gente de los noventa compre diseño sin darse cuenta. El diseño no es para la élite", subrayó el propietario de Vinçon, quien reconoce, sin embargo, que, en ocasiones, está huérfana de apoyos. "Cuando llueve en abundancia existe la declaración de zona catastrófica; cuando no se venden coches alguien inventa el plan Renove, pero ¿qué pasa cuando el diseño va mal? Pues nada, no pasa nada", bromeaba ayer. El creativo ha convertido Vinçon, que hace dos años abrió establecimiento en Madrid -"algo que mi hermano y yo prometimos que nunca haríamos"-, en toda una declaración de principios. Para empezar, la iluminación es escasa en la tienda y, desde luego, está para destacar los productos. Otra de sus características son los escaparates. "Son una ventana a la ciudad, un impuesto que me siento en la obligación de pagar". Por eso no hay que extrañarse de encontrar a dos actores durante todo un día tras la vitrina o, una sucesión de pañales de bebé, algunos manchados, cuando promocionan la venta de mobiliario infantil o incluso tres vacas de cartón piedra pastando a las puertas de la tienda. Sus furgonetas de reparto llevan un reloj en lo alto porque su lema es: Intentamos llegar a tiempo y la imagen de sus bolsas, donde puede verse una mano de seis dedos, o un retrato de los hermanos Amat, realizado por Javier Mariscal, al estilo americano. Para acabar, Amat, echando mano de su peculiar sentido del humor, recomendó a los estudiantes de diseño que no busquen socios en su escuela. "Un diseñador tiene que buscar los socios o las novias en la Facultad de Económicas, sólo así funciona". Antes que Amat intervino Diuilio Gregorini, vicepresidente de Zanotta, prestigiosa editora italiana de mobiliario de diseño. En un castellano aprendido de sus viajes a España hizo un recorrido por la historia del diseño de su país, que se inició en los años treinta y que alcanzó el boom en las décadas de los años cincueta y sesenta. "Ahora que finalizamos los noventa cabe una reflexión profunda. Las grandes distribuidoras han revolucionado la industria del diseño y han logrado que el precio condicione mucho el proyecto de cualquier empresa", argumentó Gregorini. "No se puede hacer la mesa o el sofá más bonito del mundo si es inalcanzable para el comprador". Zanotta es uno de los grandes protagonistas de la historia del diseño italiano. A esta editora pertenecen diseños considerados auténticos clásicos. El primer sofá hecho sólo de poliuretano, sin armazón, data de 1965 y lo sacó al mercado Aquile Zanotta. "Recuerdo al señor Zanotta caminando sobre el sofá para ver si éste recuperaba luego su forma original". O la butaca Blue, de 1967, la primera inflable, un modelo copiado en todo el mundo. O el sillón Saco, de 1968, del que 32 años después se venden cada año 24.000 unidades en todo el mundo. "La empresa tiene ahora unos 50 modelos en su catálogo con más de 25 años de vida y siguen totalmente vigentes", explicó Gregorini, quien también recordó cómo en ocasiones la firma se adelantó al tiempo. "Fue una mesa pequeña, portátil, de la que no vendimos ni una sola unidad durante los seis días de feria [la del mueble de Milán] ¿Qué es eso decían? A los cinco años empezó a venderse y hoy la fabrican más de 4.000 empresas", apuntó. Un arranque estupendo de la primera edición del congreso de diseño, organizado por la Asociación de Diseñadores Gráficos, El Colegio Oficial de Decoradores y el Círculo de Moda, todos ellos valencianos. Para hoy está anunciada la presencia del diseñador Pedro Morago, del creativo gráfico Peret y del especialista en interiorismo Andrée Putman.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 1999