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Tribuna:

Botiquín

DE PASADAEl Partido Andalucista comenzó platicando con fantasmas ilustres y ahora obsequia tiritas a los votantes. La incorporación del surrealismo a la campaña electoral merece todos los elogios. El realismo sucio, además de ingrato y maleducado, conduce el hastío y a la desilusión, mientras que la irrupción de la fantasía despabila y reconforta. Jesús Valenzuela, el candidato del PA a la Alcaldía de Granada, ha incluido entre esos diminutos objetos que los políticos regalan a sus simpatizantes -bolígrafos, encendedores, insignias- unos sobrecitos de plásticos titulados Botiquín de bolsillo, que van precedidos de la leyenda "Granada. Apuesta por lo tuyo". ¿Cómo es que a nadie antes se le había ocurrido dotar a los electores de un botiquín para atender las dolencias que acechan durante una campaña electoral? El botiquín -¡ojo!- contiene lo siguiente: cuatro tiritas y dos pañuelos empapados en alcohol de 96 grados. El votante, una vez provisto del material sanitario, puede afrontar con seguridad los numerosos percances y siniestros que acechan de aquí al 13 de junio. Por ejemplo, una seguidora de Gabriel Díaz Berbel puede arañarse la cara despreocupadamente cuando el candidato salga a escena, pues bastará frotarse la piel con el alcohol para reparar el rasguño. También se puede seguir al candidato de IU, Baltasar Garzón, en su peregrinar por los barrios, incluso con zapatos nuevos, pues ¿quién, provisto de tiritas, teme a las rozaduras en los talones?. Asimismo, si en las prisas de un acto electoral del socialista José Moratalla un seguidor aturdido por el verbo del candidato nos dan un pisotón siempre podremos reparar el estropicio del dedo gordo con uno de los dos apósitos mayores. No obstante, a donde se puede ir con más resguardo y confianza es a las convocatorias de los andalucistas pues allí abundan los preciosos botiquines que, al llevar grabados los símbolos del partido, tienen un efecto curativo superior, como ocurre con los parches Sor Virginia. No es casualidad que Valenzuela haya incluido un botiquín entre la propaganda electoral. Hace años, un servidor y el fotógrafo Juan Ferreras hicimos un reportaje sobre las minas de Alquife en cuyo dispensario trabajaba Valenzuela como practicante. Al comprobar nuestro interés trató de atraernos con un mínimo y tierno soborno: la inyección de la vacuna de la gripe. ALEJANDRO V. GARCÍA

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de junio de 1999