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Tribuna:

Ramón Rubial

Ayer dijo Xabier Arzalluz que Ramón Rubial era el socialismo. Morirse de viejo y haber permanecido fiel a unas ideas y ser reconocido como fiel exponente de lo que esas ideas representan debe ser el triunfo más grande de una vida. Ramón Rubial se afilió a la UGT cuando cumplió 14 años. Era 1920 y acaso entonces con 14 años ya se estaba maduro de sufrir penalidades. Era hijo de planchadora y calderero... Todos ayer coincidían: ha sido un ejemplo de coherencia, y algo más, un ejemplo de discreción. Escribir de alguien que muere suele ser un ejercicio inútil de exaltación de virtudes de quien ya no puede defenderse del exceso. No sería nunca el caso, porque las virtudes de Ramón Rubial fueron tan públicas y notorias que no hace mucha falta escribirlo. Sin embargo, sí es necesario hoy y siempre seguir escribiendo y hablando de la necesidad del compromiso, de la importancia de la honestidad política y de la honradez personal. Ramón Rubial fue un ejemplo de eso. Ayer, el PSOE de Andalucía dijo que Rubial "ha sido un referente del socialismo, y el mejor homenaje que se le puede rendir es seguir luchando por los valores de la libertad, la justicia y la democracia". También es necesario seguir hablando hoy y siempre de la importancia de esos valores, que son al fin y al cabo los únicos que nos permiten vivir con dignidad. Nicolás Redondo, el viejo líder de UGT y hoy crítico con el PSOE, o, más exactamente, crítico con la dirección socialista, ha dicho que Rubial representa "lo que quiere ser y ha sido el PSOE". Todos han coincidido en la apreciación de que era un hombre de una gran honestidad personal y una gran calidad humana. Todo lo que le movió le mantuvo hasta el final activo, siendo en todo caso referente y ejemplo a seguir por los suyos. Sé que aquí tengo que escribir de asuntos de Andalucía, pero acaso se entienda que no es que quiera escribir una necrológica, sino que necesitaba decir que es maravilloso haber vivido y morir con el aprecio y reconocimiento de todos. Así vivió y así ha muerto Ramón Rubial. Todo aquello en lo que creyó sigue necesitando defensores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de mayo de 1999