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"Hay que dificultar la globalización", dice Geeta Kapur, crítica de arte india

Barcelona [EN] Es uno de los temas de moda. Aunque la globalización es una moda real con consecuencias directas en todos los contextos sociales. Incluido el arte. Fue también el tema del primer seminario organizado de forma conjunta por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) la pasada semana. La escritora y crítica de arte india Geeta Kapur definió así su postura: "Hay que poner dificultades a la globalización".

Bajo el lema común de Globalización y diferenciación cultural hablaron personas procedentes de diversos países, de Japón a Suráfrica pasando por Estados Unidos, Francia y la India. Periodistas como Ignacio Ramonet, críticos culturales como Masao Miyoshi, escritores como J. M. Goetzee, filósofos como Francisco Jarauta y Chantal Mouffe, y comisarios y editores como Geeta Kapur. Tal vez sea Kapur la que resumía mejor el centro del debate que se proponía. Crítica de arte que ha dedicado buena parte de su trabajo a promocionar el arte contemporáneo indio, Kapur es también escritora y crítica cultural especializada en las maneras en que la modernidad se ha desarrollado en el Tercer Mundo. Sus intereses traspasan el ambiente artístico, y la publicación que fundó y coedita en Nueva Delhi lleva el significativo título de Journal of Art and Ideas (Diario de arte e ideas). Su posición respecto a la oposición global local está clara: "Si la globalización es un proceso de dominación del mundo por parte de Occidente, y más concretamente de Estados Unidos, la cuestión está en ponerle dificultades a esta lógica, hacerla problemática". Una de las maneras de hacerla problemática podría empezar, a juicio de Kapur, por eliminar los estereotipos respecto a lo que se considera local. Desde la perspectiva occidental, un término que suele tener que ver con lo exótico. "La definición de lo que es local suele venir de las fuerzas globales", explica Kapur. "Por ejemplo, son los proyectos financieros de grandes empresas como Ford, que apoyan trabajos locales concretos, o de las mismas ONG. Es una línea de pensamiento que afirma que lo local es auténtico y que lo auténtico es indígena. Aquello que no es indígena, en consecuencia, no es auténtico ni local". Esta perspectiva elimina de un manotazo la realidad histórica de países complejos en los que el mundo urbano está sustituyendo o compitiendo claramente con el rural, con los cambios culturales y sociales que ello supone y que generalmente tienen poco que ver con las versiones etnológicas o folclóricas. "Desde el punto de vista local también creo que hay críticas que hacer", sigue. "Muchas veces, estos proyectos que se autocalifican de locales están muy arraigados en la tierra, en el área territorial en el que se encuentran, pero se olvidan de otra dimensión más amplia, que es la nacional. A mí me gustaría que en esta relación global-local, el guión que separa los dos términos fuera mucho más largo, que hubiera más intermediarios y mediaciones en esta contraposición. La categoría de lo nacional, de la nación, ahora es muy compleja y difícil, pero no porque sea difícil tiene que ser eliminada en beneficio de lo local". Es en este contexto que Geeta Kapur afirma comprender muy bien la situación española en cuanto a la confrontación de distintas nacionalidades. Si aquí se plantean problemas para definir lo que puede ser el arte catalán frente al español, en un país mucho más grande y complejo como la India, ¿se puede hablar de arte indio? "Comprendo muy bien la situación española", afirma. "Se podría establecer un cierto paralelismo, pero allí a una escala mucho mayor. Tenemos 14 lenguas oficiales y por tanto hablar de la India es hablar de una gran federación de regiones. Estas regiones tienen sus propias historias culturales diferentes entre sí. En la época nacionalista, durante la lucha por la independencia, hubo un intento voluntario de sumar estas culturas en la lucha común nacionalista. Durante los 20 años siguientes a la independencia, de 1947 a finales de los años sesenta, parecía que esto seguía, que había una política cultural común, e incluso hubo un intento de hacer una lengua común que fracasó. Por otra parte, mi país estaba muy próximo al bloque soviético y compartía su idea socialista de unificar. En cambio, a partir de los años setenta, eso explotó y hubo cada vez más demanda de autonomía por parte de las distintas regiones. Este es un fenómeno, el de que cada región quiere afirmar su identidad, que ha ido pasando en otros lugares del mundo. En la India, este cambio se notó mucho en el cine, cuando algunos directores prefirieron afirmar su lengua y su cultura regional antes que expresar ideas generales". Es, explica, habitual en estos momentos que los creadores tengan una doble identidad. Un artista se define como bengalí y también como indio. "Respecto a si hay arte indio o no, yo diría que sí, pero me temo que mucha gente diría que no", señala.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de abril de 1999

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