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Un avión de Iberia aterriza en Ginebra sin el tren delantero

Los cien pasajeros salieron ilesos tras volar una hora sobre la ciudad

La tripulación del avión MD-87 (McDonnell Douglas) de Iberia, que salió ayer de Barcelona con la intención de aterrizar a las 11.50 en Ginebra, se dio cuenta de que no le funcionaba el tren de aterrizaje delantero. Los 100 pasajeros repartidos entre las 109 plazas de la nave empezaron a darse cuenta de que algo no funcionaba. El comandante Jaime Marcos Domenech, de 45 años y 12.000 horas de vuelo, planeó durante una hora y media en círculo sobre la ciudad tratando de verificar si el tren de aterrizaje definitivamente no funcionaba.

"Este tiempo permitió que los servicios de seguridad del aeropuerto, así como los bomberos, se prepararan para recibir al MD-87. Se tapizó una de las pistas con espuma", indicó François Villard, jefe de los servicios de mantenimiento del aeropuerto de Cointrin.Al cabo de una hora y diez minutos, Marcos Domenech decidió emprender el aterrizaje. El comandante supo mantener en el aire la nariz del avión, hasta depositarlo sobre la capa de espuma.

Una pieza metálica que proteje a las ruedas cuando hay agua en la pista pudo ser la causa del accidente. Esta pieza, que ha aparecido rota sobre la pista, hace pensar a los técnicos de Iberia que pudo haber causado el bloqueo de la rueda.

Un portavoz de la compañía indicó que se hubiese originado mucho más peligro si el fallo se hubiese producido en el tren trasero y no en el delantero, ya que cuando la aeronave aterriza todo su peso lo soportan las ruedas de atrás.

Una de las pasajeras declaró ante las cámaras de los informativos suizos: "En el avión no sentí pánico, pero cuando salí por un ala, me entró una angustia enorme", relató una pasajera.

François Villard reconoció que, gracias a la advertencia del equipaje de Iberia, se evitó lo peor. "En tierra, estábamos preparados. Acudimos al sitio, en la pista, completamente dispuestos a proporcionar todos los auxilios necesarios y con todos los equipos de bomberos que hacían falta. En este tipo de aterrizajes, los riesgos de que el avión se incendie son mínimos, casi nulos. Pero nadie sabe, a ciencia cierta, lo que puede suceder. No estamos acostumbrados a este tipo de cosas. Pero el piloto hizo un buen trabajo", indicó. Una vez que lo peor fue evitado, los pasajeros del vuelo recibieron atención tanto por parte del personal de la compañía como de los servicios médicos del aeropuerto. Después de tres horas de espera y relajamiento, fueron autorizados a irse a sus casas.

Todos los aviones con destino a Ginebra fueron desplazados a los aeropuertos vecinos, principalmente a Basilea, Zúrich y Lyón hasta que a las cuatro de la tarde se restableció el tráfico.

Un portavoz de Iberia señaló que el piloto Marcos Domenech había cumplido con su labor, que no era ningún héroe, sino un profesional perfectamente cualificado, como el resto de los 1.300 pilotos de la compañía. El presidente de Iberia, Xavier de Irala, mostró su agradecimiento a la tripulación del vuelo por su "magnífico comportamiento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de marzo de 1999