El ex general Obasanjo, proclamado presidente de Nigeria pese a las acusaciones de fraude electoral

ENVIADO ESPECIALLa comisión Electoral de Nigeria proclamó ayer la victoria del ex general Olusegun Obasanjo en las elecciones presidenciales celebradas el sábado. Obasanjo, apoyado por los militares, la élite del norte y por la comunidad internacional, logró el 62% de votos, frente al 38% de su rival Olu Falae, quien ayer insistió en no reconocer los resultados. Los representantes de los partidos de la Alianza para la Democracia y del Partido de Todos los Pueblos, que apoyan a Falae, se retiraron de la comisión en señal de protesta.

El nuevo presidente, Obasanjo, tomará posesión el 29 de mayo. Veinte años después de que, siendo general en activo, entregara el poder al civil Shangari, elegido democráticamente.

Falae asegura que los resultados han sido falseados, algo que rechazan los partidarios del ex general. Los observadores internacionales, entre ellos el ex presidente de EE UU Jimmy Carter, han descubierto numerosas y serias irregularidades, pero no consideran que éstas permitan denunciar ahora un fraude masivo capaz de alterar el resultado.

La principal sombra sobre los resultados reside en la participación. No cuadran las cifras. El norte, habitado por los hausas -la etnia mayoritaria y dominante-, que es el bastión de Obasanjo, tuvo una alta abstención, mientras que el oeste, pro Falae, acudió a votar por encima del 50% de la media nacional.

La respuesta del enigma puede estar en el este, la antigua Biafra, donde la tercera etnia en importancia de Nigeria, los ibos, han votado de forma masiva por el ex general. En Engugu, por ejemplo, el Partido Democrático del Pueblo de Obasanjo perdió con estrépito las legislativas del día 20, pero el sábado ganó a Falae, con una diferencia superior a 50 puntos porcentuales.

El candidato perdedor acudirá ahora al Tribunal Supremo para resolver sus dudas, y será este alto organismo el que confirme los resultados o, en el caso de graves irregularidades, ordene la repetición de las elecciones, algo que aquí nadie considera posible.

El periodo de transición es lo suficientemente amplio -hasta finales de mayo- como para permitir algún tipo de pacto que impida que fuerzas importantes se queden fuera de juego. Una quiebra del consenso sería la peor noticia para una débil democracia que en 39 años de historia ha contado con sólo tres oportunidades de Gobierno civil. Todos están de acuerdo en que, pese a los problemas, las elecciones del sábado son un primer paso. Pero sólo eso: un paso. Ahora falta dar todos los demás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 02 de marzo de 1999.

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