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Tribuna:

La cuadratura del Círcu [HH] lo ANTÓN COSTAS

Hay instituciones en un país que si no existiesen habría que inventarlas. Éste es el caso del Círculo de Economía, que ayer clausuró en Sitges su 18ª reunión, en la que se ha conmemorado, además, el 40º aniversario de la institución. El Círculo es una institución atípica y singular, no sólo en Cataluña sino en España. Sus impulsores fueron un grupo de jóvenes empresarios y universitarios, liderados por Carlos Ferrer Salat, movidos por la inquietud de que algo tenían que hacer para contribuir a salir del aislamiento y de la larga noche del franquismo. El contacto con el historiador Jaume Vicens Vives les inoculó el ímpetu de sus abuelos, los industriales y políticos que en el XIX lograron el despegue económico y que Cataluña tuviese un papel determinante en la formación de la España moderna. Por otro lado, el contacto con el profesor Fabián Estapé les dio la doctrina que les llevó a desprenderse del proteccionismo arancelario que había alimentado la panza de muchos de sus padres, y a defender la apertura y la liberalización. Estapé, además, les puso en contacto con los jóvenes economistas que en la Universidad y en la Administración de Madrid empezaban a defender esos mismos nuevos aires. Esa mezcla inicial de gentes procedentes del mundo de la empresa, de la academia, de la Administración y de la sociedad se ha mantenido a lo largo de los 40 años y ha permitido lo que podríamos llamar la cuadratura del Círculo: los cuatro lados o fuerzas que le han dado su singularidad, basada en su pluralismo, en la búsqueda de lo que une, en un estilo de hacer las cosas y, fundamentalmente, en su independencia política. En la junta del Círculo siempre ha habido personas que venían de la política o que han acabado en ella. Pero la institución ha logrado otra cuadratura: mantener siempre sus valores y estar al margen de la política partidista. La modernización ha sido siempre la bandera del Círculo. Bajo esa bandera ha estado presente en el debate público y ha desempeñado un papel indirecto pero importante en todas las transiciones económicas y políticas de este país en estos 40 años. Lo hizo en 1959 apoyando y dando su tribuna a los reformistas que estaban impulsando el inicio de la liberalización y apertura económica. Lo hizo también en los años sesenta cuando defendió la conveniencia de que las empresas negociaran con el sindicalismo emergente de CC OO. Promovió e impulsó la integración de España en la CEE. En los finales del franquismo dio cobijo y apoyo en sus reuniones y actividades a los nuevos líderes políticos que después liderarían los gobiernos de la UCD y del PSOE. Favoreció el acercamiento al mundo empresarial del partido socialista primero, y después del Gobierno socialista de 1982, y fue en la Reunión Costa Brava de 1985 donde Felipe González anunció la convocatoria del referéndum sobre la OTAN, que significaba la definitiva normalidad internacional de España. Y también se podría decir que los primeros desencuentros de la institución con José María Aznar favorecieron el cambio de clima político después de las últimas elecciones. Con su estilo discreto, pero sin ocultismo, el papel del Círculo ha sido abrir puertas y caminos para que las nuevas realidades económicas y políticas y las personas que las representaban pudiesen aflorar en la sociedad española y contribuir a la modernización. Se podría pensar que ahora, en la medida en que España ha entrado en un periodo de normalidad política y económica, el Círculo ha perdido en parte su razón de ser. Pienso que no. En todo caso, trabajo y objetivos no le faltarán. Por un lado, no estoy muy seguro de que estemos ya en un periodo de plena y definitiva normalidad política. Aún quedan muchas transiciones a las que el Círculo puede contribuir. En segundo lugar, puede también ayudar a que el discurso político incorpore mejor los retos y problemas reales que una sociedad abierta y pluralista y una economía globalizada plantean en este final de siglo, evitando así que la contienda partidista monopolice ese debate e introduzca cuestiones y planteamientos distorsionadores en la vida colectiva. En tercer lugar, el Círculo debería saber recoger y formular respuestas estratégicas a la inquietud -y a un cierto pesimismo- que está surgiendo en la sociedad catalana acerca de la aparente pérdida de potencia económica y de autonomía de sus grupos empresariales en favor de Madrid y de los ejecutivos de las empresas internacionales. ¿Qué sentido tendría el viejo Círculo de la burguesía empresarial catalana si la clase empresarial catalana acaba estando formada por ejecutivos de empresas foráneas y comisionistas? No creo que haya razones para el pesimismo, pero sí que hay que plantearse cómo mantener vivo y renovar el espíritu emprendedor y abierto de la burguesía industrial que logró hacer de Barcelona la primera fábrica de España.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB y vocal del Círculo de Economía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de febrero de 1999