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Tribuna:

Compra verde

JOSÉ MANUEL ALONSO La compra verde no tiene nada que ver con lo que en otros tiempos utilizábamos como calificativo para algunos chistes, libros, películas, personas o cosas "obscenas, inconvenientes o escabrosas", al decir del diccionario. El concepto verde ha recobrado viejos ecos de los poetas. Hoy lo verde (green) está ligado a la naturaleza y sus valores indiscutibles y necesarios, y la palabra se utiliza como reclamo: "verde que te necesito verde". En ese contexto debe incluirse la compra verde: la adquisición de alimentos más ecológicos, lo que, según dicen, puede traernos pingües beneficios, no sólo por adquirir productos (ya hay comercios especializados) o realizar servicios que tengan un reducido impacto negativo en el medio ambiente, sino también porque aseguran que esta forma de compra y servicio nos ahorra dinero, además de la eliminación de ahorros escabrosos. Lo peor de esta iniciativa, que promocionan principalmente los ayuntamientos, es que, para el ciudadano, está aún verde. Precisamente por eso se han reunido en Bilbao seiscientos compradores del sector público dentro de la Feria Internacional de Medio Ambiente (Proma"99). Estas jornadas han brindado a las 400 empresas expositoras en la Feria la posibilidad de presentar productos y servicios englobados en Oficina Verde, Parques Móviles Verdes, Cantina Verde, Edificio Verde, Productos de Limpieza Verdes, Espacios Verdes, etc. Cierto es que el medio ambiente ya no es ni la cuarta parte de lo que era a principios de siglo, cuando el planeta desprendía el azul y verde y no el marrón y gris o negro, como lo hace ahora. El desarrollo industrial ha ido de la mano del desarrollo suicida y excreméntico y hemos conseguido entre todos hacer del planeta un desierto y un grandísimo estercolero. Por ello, las voces de alarma se han desatado y los líderes ecologistas avisan que "se está consiguiendo que el planeta sea inhabitable", que hay que vivir, aunque tengamos que renunciar a hacerlo con un sentido egoísta y sólo lo podamos hacer con sentimiento ecologista, es decir, verde, convirtiendo el mundo en un green global. ¡Que así sea!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de febrero de 1999