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Ubrique

DE PASADATEREIXA CONSTENLA Lástima. En Ubrique (Cádiz) han suspendido una rifa de interés general -aquel que corretea sobre una hectárea- por las protestas de un género particular. Dice la leyenda deportiva que Antonio García Millán, vicepresidente económico del Ubrique Industrial (Tercera Regional, casi el escalafón anterior a los topetazos de la división que enfrenta a Solteros y Casados), es El Cerebro, el hombre que desgasta sus neuronas en idear medidas para salvar la crisis de interés general que atraviesa su equipo. El Ubrique Industrial, que en uno de esos periodos ciclotímicos neuronales fichó para defender la portería al torero Jesulín (de ahí lo de Jesulín de Ubrique Industrial), no despierta mucho aquel por la serranía de Cádiz. Hasta que en un rapto de neuronas descubrieron la cultura del morbazo. El primer aviso de la existencia de un Cerebro oculto fue el sorteo de un frasco de Viagra, en plena fiebre pastillera, con la que agraciaron o desgraciaron -nunca se sabrá- a un varón local. Creo que después llegó Jesulín. Y, de nuevo, el desinterés general cundió alrededor del club de Tercera Regional. Más retortijones neuronales y, de pronto, se hizo la luz. Y la luz se hizo: sorteo de "inolvidable velada" en un hotel "acompañado de una espectacular modelo". De ésta, la materia gris del Cerebro se habrá puesto negra. Y malhumorada por las protestas de un género particular que han aguado las expectativas financieras del Ubrique Industrial, que por lo visto confiaba en lanzar un plan de viabilidad con los fondos obtenidos en el sorteo de la Niña. Lo más triste de la macho-rifa es que algunas televisiones pujaron por grabarlo para deleite de los directivos del club, que se deshacían traduciendo posibles a euros. Y ya para echarse a llorar, es que el Cerebro no entiende, pese a su sobredosis neuronal, el escándalo que han montado algunas mujeres por una velada más o menos íntima, con un final abierto como en las películas de intelectuales. Total, aducían, ellos no se metían en lo que pudiera sobrevenir entre la sorteada y el agraciado. Incluso estaban dispuestos a contratar a un sorteado por si fuese menester atender a una agraciada. Tal vez si fuese una autorrifa, la cosa tendría otro color. No sé, algo así como sortear una noche con las neuronas más sandungueras de Ubrique.

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