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FÚTBOL: 22ª jornada de Liga

Tambores de guerra contra Sacchi

El Atlético fracasa frente al Espanyol, y la gente la emprende contra el entrenador rojiblanco

Suenan los tambores de guerra en el Manzanares, donde Sacchi es persona non grata. La hinchada se lo dijo alto y claro en un partido que remitió a todos los partidos anteriores del Atlético: un peñazo infumable. Con lo justo, el Espanyol se llevó la victoria ante la irritación de la gente. Al grito de "Radomir te quiero", y entre ovaciones al Espanyol, dijo cuanto quería. Dijo que no quiere a Sacchi ni en pintura. Fue algo más que una condena a Sacchi. En la hinchada se advirtieron los signos de la desintegración, de un hastío que se hace difícil de explicar en una afición que se caracteriza por una fidelidad extrema al club, cualquiera que sea su entrenador. Aunque la noche era glacial, el Manzanares presentaba un aspecto desolado. Apenas 15.000 personas se reunieron en el estadio. Podía pensarse en los fidelísimos, en la guardia pretoriana del equipo. De ninguna manera: desde el comienzo la gente expresó sin reservas su descontento. Con el discurrir del partido, la fractura entre el equipo y los aficionados se hizo más sangrante. Los abucheos se sucedieron de todas las formas posibles. Desde los reproches más duros hasta la ironía más hiriente, con ovaciones y olés al juego del Espanyol, que se sintió como en su casa.

ATLÉTICO DE MADRID 1

ESPANYOL 2Atlético de Madrid: Molina; Aguilera (Torrisi, m.46), Santi, Ramón Serena; Jugovic (Juninho, m.72), Baraja (Venturín, m.46), Valerón, Solari; Correa y José Mari. Espanyol: Toni; Cristobal, Helguera, Nando, Capdevilla; Ribera (Galca, m.65), Brnovic (Pacheta, m.72), Sergio, Arteaga; Benítez y Pose (Darío Silva, m.80). Goles: 1-0. M. 21. José Marí se aprovecha de un rechace tras un regate y cruza el balón, que entra junto a un palo. 1-1. M.39. Arteaga cabecea un saque de falta. El balón entra por la escuadra. 1-2. M.84. Darío Silva cabecea un balón deviado por un defensa del Atlético. Árbitro: Losantos Omar. Amonestó a Benítez, Santi, Pacheta y Darío Silva. Unos 15.000 espectadores en el Calderón. Los dirigentes del Atlético, antes del partido, retiraron las banderas con símbolos nazis que encontraron en los graderíos.

La irritación estaba dirigida principalmente a Sacchi, detestado como ninguno en el Manzanares. En pocos casos se ha visto una relación tan deteriorada como ésta de la hinchada del Atlético con el entrenador italiano. A la gente no le gusta nada de lo que le ofrece Sacchi: ni su idea mecanicista del fútbol (absolutamente alejada del tradicional universo rojiblanco), ni sus peregrinas decisiones con los jugadores (la alineación es una rueda imparable de nombres), y las coartadas que se busca para justificar la situación del Atlético. Es cierto que el Atlético ha estado castigado por varias ausencias, pero la policía no es tonta. Los aficionados consideran que el modelo de fútbol que pretende Sacchi no privilegia a los jugadores. Más bien lo contrario. En la manera de Sacchi todo resulta tan homogéneo, tan pétreo, tan predecible, que la excelencia se vuelve incómoda para el entrenador y su sistema. Para qué quejarse de la ausencia de tal o cual, si su presencia acabaría por ser inútil. La gente no quiere más excusas, ni desea un estilo que va contra la naturaleza del equipo. Decididamente la hinchada desaprueba a Sacchi con toda su alma.

Todo quedó muy claro en un partido que tuvo un aspecto destemplado, conforme al estado de la noche y del Atlético, que funciona de manera intempestiva, con un juego feo por frontal y previsible. Sacchi no parece un entrenador seguro de su equipo, sometido a cambios constantes, algunos inexplicables, otros con pinta de caprichosos. Frente al Espanyol colocó una línea interesante de centrocampistas: Jugovic, Valerón y Solari, con el jóven Baraja por detrás. No sirvió de nada porque el fútbol del Atlético sólo se sirve de los centrocampistas como bestias de carga.

El Espanyol funcionó sin alardes, pero dejó algunos detalles por aquí y por allá. Sus centrocampistas pretendieron jugar con criterio y sus pequeños delanteros (Posse y Benítez) se movieron con agilidad a la búsqueda del gol. La victoria llegó a última hora, en medio del clamor del público, harto del juego de su equipo. Al grito de "Radomir, te quiero" y "que se vaya, que se vaya" expresó su rechazo a Sacchi, perdido para la causa del Atlético.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de febrero de 1999