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XIII CONGRESO DEL PP

Arenas entierra el talante de Cascos con su oferta de más diálogo hacia el interior y exterior del PP

Javier Arenas enterró ayer el talante de Francisco Álvarez Cascos con el que ha funcionado el PP en los últimos diez años. El nuevo secretario general confirmó, en su investidura como número dos del partido, que el centro reformista no se inspira sólo en nuevas ideas políticas, sino también en otras "actitudes y formas de ser y estar en la vida pública". Arenas concretó ese propósito con un ofrecimiento genérico de más diálogo "hacia el exterior y el interior" del PP. Y apuntilló esas maneras con el reconocimiento de los partidos de la oposición "como adversarios, nunca como enemigos".

El primer discurso oficial de Javier Arenas como secretario general del PP, que duró 37 minutos, se situó en las antípodas del pronunciado el viernes por su antecesor, Francisco Álvarez Cascos. Se desmarcó de él en sus objetivos y, sobre todo, en sus modos. Arenas recogió la herencia de Cascos con un agradecimiento de protocolo a su trabajo. Y le concedió que le ha dejado el mando en las mejores condiciones, con el partido en la primera posición. Un elogio similar le dedicó al ex coordinador general, Ángel Acebes, que lo ha llevado en los amargos, por los asesinatos de ETA, dos últimos años y medio. El ex ministro de Trabajo aludió a la potencia del partido por su número de militantes (600.000) y su ingente cantidad de cargos públicos (25.000 concejales, 500 diputados autonómicos, 12 comunidades autónomas, 250 parlamentarios nacionales, 28 eurodiputados y el Gobierno central) para alertar ante un posible descuido en el futuro: "Cuidado. Nunca podemos dejarnos adormecer por el triunfalismo y la autocomplacencia. Queda mucho por hacer. Los éxitos deben ser acicates para plantear las siguientes reformas. España está aún lejos de la prosperidad y el bienestar social que queremos".

Aunque su estilo fue dialogante, Arenas se permitió alguna malvada ironía hacia el PSOE, con el que pretende sondear nuevas vías de interlocución de forma inmediata. Así, auguró que su partido no va a "morir de éxito" como dijeron otros que "hoy están en la oposición". Más tarde reclamó el respeto del PSOE hacia el hiperliderazgo de Aznar como dijo que el PP respeta "a aquellos que están contentos en la división interna, en la disputa permanente con uno, dos o tres liderazgos a diario contradictorios".

Arenas explicó por qué el PP lleva tanto tiempo en busca del centro: "Es compatible afirmar que estamos ante una nueva etapa, pero también que seguimos en la misma ruta. La renovación no se empieza un día y se termina otro. Los partidos tienen que estar renovándose permanentemente y en los grandes partidos como éste siempre hay sitio para todos". Y añadió: "En la familia popular cabemos todos. El futuro es compatible con que estemos orgullosos de nuestra trayectoria".

Arenas saldó cuentas así con el fundador del partido, Manuel Fraga: "Cuando se es joven, se aprenden ideas; cuando se va siendo algo menos joven, además de ideas, se aprenden valores y comportamientos".

Luego, fijó su apuesta por un PP más "armónico", en el que "las capacidades de todos se potencien" y que "no sólo sea habitable para aquellos que ya lo habitan, sino también apetecible para quienes podrían habitarlo y aún no forman parte de él". Ahí aprovechó para lanzar unos cuantos piropos a su nuevo dirigente, Josep Piqué, el ministro portavoz: "Que muchos de los cerca de 10 millones de españoles que nos han votado vengan a compartir militancia. Que muchos como tú, Pepe, se incorporen a nuestras tareas. Y yo te digo que no te vas a arrepentir".

Arenas anunció su "propósito" de abrir el partido a la sociedad para buscar "acuerdos" en los que "la prevalencia del diálogo sobre la imposición presidan el comportamiento del PP hacia el exterior y el interior". Y remachó: "No vemos a nuestros adversarios políticos como enemigos porque enemigos son los que usan las pistolas". Arenas se reservó el final para reafirmar su "profundo" compromiso personal, político y de futuro con Andalucía y con Aznar, al que ligó su "destino".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de febrero de 1999

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