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XIII CONGRESO DEL PP

Aznar pide al PNV que huya de aventuras irresponsables

El Partido Popular concluyó ayer los trabajos de su XIII Congreso Nacional, en el que se ha consagrado el giro al centro, con una advertencia del presidente del Gobierno, José María Aznar, a los nacionalistas vascos. Aznar, en un discurso autocomplaciente y triunfalista, recordó al PNV que no hay alternativas al modelo consagrado en la Constitución y el Estatuto de Autonomía y les animó a abandonar "aventuras irresponsables". Antes el nuevo secretario general de PP, Javier Arenas, había enterrado el talante de su antecesor, Francisco Álvarez Cascos, con un discurso moderado y conciliador en el que hizo un ofrecimiento de diálogo "hacia el interior y hacia el exterior".

José María Aznar instó ayer al Partido Nacionalista Vasco a que rechace la "aventura irresponsable" de pretender "desbordar el marco del Estatuto de Gernika y la Constitución" al seguir por la vía del Pacto de Lizarra y de la Asamblea de Municipios Vascos. Aznar aseguró que esa "aventura irresponsable", en la que se ha embarcado el partido que lidera Xabier Arzalluz, sólo "puede producir graves daños a la sociedad vasca", y expresó con firmeza que "no hay alternativa" a la España constitucional con vías como la de Lizarra. En el discurso de clausura del XIII Congreso Nacional del PP, Aznar ofreció, en línea con el clima triunfalista del propio cónclave, un discurso autocomplaciente y sin ningún atisbo de autocrítica respecto a los casi tres años de gestión de su Gabinete. Hizo también una amplia e importante referencia a la grave situación política del País Vasco -otro de los temas estelares del congreso-, en lo que se puede interpretar como un respaldo a la intervención, la víspera, del ministro del Interior, Jaime Mayor, muy denostado por el PNV. Fueron los momentos más aplaudidos de su discurso.

Poco antes, el portavoz parlamentario del PNV, Iñaki Anasagasti, había aludido a la "mente obtusa" de Mayor y a su "impresentable" discurso del sábado. El presidente del Gobierno, además de llamar a sus socios parlamentarios a que retomen la vía de la Constitución y del Estatuto de Gernika, reclamó, como había hecho el ministro en el mismo escenario, el espíritu de Ermua, "formidable ejemplo de movilización cívica contra el intento de poner de rodillas a toda una sociedad", y que "debe mantenerse para ganar definitivamente la paz".

Aznar fue rotundo contra el llamado terrorismo de baja intensidad, aún en boga pese a la tregua indefinida de ETA, y el mensaje a la banda y su entorno fue muy claro. "No basta con el cese de los asesinatos y los secuestros. Cualquier tipo de amenaza o violencia es un atentado contra las personas, la sociedad abierta y la democracia. No se puede elegir un día el camino de las instituciones y caminar al día siguiente por la vía de la amenaza. Los totalitarios de los años treinta sabían muy bien qué rentable era para sus fines alternar la coacción con la participación de las instituciones".

Presos y víctimas

Una vez más, recordó que el proceso de paz pasa por atender tanto la situación de los presos de ETA -acercamiento a cárceles del País Vasco, concesión del tercer grado penitenciario y excarcelaciones por motivos humanitarios- como la de las víctimas del terrorismo, pero nunca por una negociación política sobre la territorialidad o el reconocimiento del ámbito vasco de decisión, como señala el Pacto de Lizarra. "Nosotros anhelamos la paz. La queremos en sí misma, como un bien que no tiene precio. La queremos con todas nuestras fuerzas. No la queremos como moneda de cambio". Estos pasajes de Aznar fueron los más aplaudidos en una clausura en la que, por lo demás, dominó el triunfalismo, facilitado por el momento dulce por el que atraviesa el Gobierno del PP. Aznar llegó a decir que, en estos casi tres años, ha tenido "la oportunidad de cumplir lo que se había comprometido", sin bien evitó aludir a la favorable coyuntura mundial que ha permitido el despegue económico, y a determinados incumplimientos programáticos.

En este capítulo autoafirmativo, citó el desempleo, que ha pasado de ser "una maldición inevitable" a que "un millón de españoles más disfrutan de nuevas oportunidades"; "dijimos que cumpliríamos los criterios de convergencia; hoy estamos aprendiendo a contar en euros"; "dijimos que era posible bajar los impuestos; en estos días los españoles comprueban que la reducción es ya una realidad"; "dijimos que promoveríamos el diálogo social; hoy, más de diez acuerdos con los agentes sociales ayudan a realizar las reformas necesarias". Y, así también, con el servicio militar y los pensionistas.

Los pactos funcionan

La autocomplacencia la extendió al pacto con CiU y PNV. "Han funcionado y han sido fecundos". Pero no mencionó ni las tensiones parlamentarias con los peneuvistas ni las renuncias programáticas que el PP ha tenido que hacer con estos pactos para poder formar Gobierno en 1996. Y no fue nada complaciente con quienes relativizan el éxito de su Ejecutivo. "Alcanzo a entender el escepticismo de algunas voces que llegaban de fuera de nuestras fronteras. Podía responder a una imagen distorsionada de la realidad española. Pero me siguen asombrando los que en nuestro país se dedican a predecir males que nunca se cumplen. Anuncian catástrofes que nunca llegan. Con menos arrogancia, quizás estarían más cerca de la realidad".

Aznar retomó el pulso político cuando se refirió a la necesidad de vertebrar el país alentando, en el "mundo global en que vivimos", la cooperación entre las comunidades autónomas en vez de la reclamación. "En el umbral del nuevo siglo, las grandes tareas que nuestros país necesita requieren grandes partidos nacionales".

El líder del PP dedicó la parte final de su discurso a refrescar los nuevos compromisos que ha adquirido en clave reformista y de contenido social. Citó su aspiración a que hasta el año 2002 se creen 1.300.000 empleos y que en diez años se alcance una renta superior al 90% de la media comunitaria. Recordó como prioridades la educación y el empleo; anunció una profunda reforma de los servicios públicos "sin antagonismos entre lo público y lo privado"; y abogó por la renovación del Pacto de Toledo sobre las pensiones y una reforma de la Justicia tanto en procedimientos como en cuestiones de organización.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de febrero de 1999

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