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Tribuna:
Tribuna

TSJC

La culpa fue de la víctima. La víctima, que recibió 70 puñaladas en cabeza, tronco y brazos, sin que mediara ensañamiento alguno por parte de su ¿debo decir benefactor?, ¿mecenas?, ¿tutor?, ¿admirador? Pues ya que nos encontramos en pleno manejo perverso del lenguaje para esconder el acendrado fervor por la injusticia de algunos, muchos, demasiados justos (cada vez más: ¿qué nos está ocurriendo?), nada me impide considerar al hombre que mató a la amiga de su mujer como alguien que le profesaba un profundo respeto, una obsecuencia sin límites. Tenemos la prueba irrefutable: no se ensañó.Y, sin embargo, el diccionario de uso del español actual Clave es categórico al respecto, al poner como ejemplo de ensañamiento la siguiente frase: "Las 15 puñaladas que aparecieron en el cuerpo de la víctima probaban el ensañamiento del asesino". Sin duda, los doctos autores del Clave cometieron la ingenuidad de no examinar los órganos de la víctima do fueron asestadas las cuchilladas.

Ateniéndonos a la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), que rebaja la pena del condenado porque "las múltiples cuchilladas no son suficiente manifestación de un ánimo perverso y calculado para aumentar el sufrimiento", cabe deducir que la culpa, como he dicho, fue de la víctima: por haberse dejado apuñalar desde el principio en órganos vitales y yacer agonizante, quizá en posición tan desconsiderada que no permitió al agresor ensañarse convenientemente y rebanarle la matriz y comerse a continuación los ovarios, lo que tal vez (pero sólo tal vez) habría agravado algo más el delito y permitido a los justos del TSJC dictar justa sentencia.

¿Qué nos está pasando? Deberíamos salir a la calle, a gritar nuestra indignación. Las mujeres, pero también los hombres, los niños. Y los jueces. Sobre todo, los jueces.

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