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Tribuna:Los 50 años de 'El segundo sexo'

La difícil gloria de la libre existencia

En 1949 se publicó en Francia El segundo sexo, un ensayo en el que su autora, la filósofa francesa Simone de Beauvoir, analizaba la condición de la mujer en la sociedad actual. El libro -y su famosa frase "no se nace mujer, se llega a serlo"- ha sido, sin lugar a dudas, uno de los textos que más han influido en la reactivación y auge del feminismo de la segunda mitad del siglo XX. En esta página, dos expertas analizan la obra coincidiendo con el coloquio internacional que, para conmemorar el 50º aniversario de la publicación del libro, se celebra estos días en París.

No se nace mujer, se llega a serlo". Simone de Beauvoir, a fuer de filósofa, es feminista. En general, en todo ser hay un "llegar a ser" porque todas las esencias se construyen. Su convencimiento fundamental es que ser individuo y ser libre son la misma cosa. "La difícil gloria de la libre existencia" es el futuro de la humanidad. La libertad es una de las construcciones más duras y fascinantes en el "llegar a ser" humanidad libre. Pero, mientras llega y no llega, muchos tienen todavía que luchar para convertirse en meros seres humanos. Beauvoir conoce la fuerza de las barreras que le impiden a ella misma afirmarse como sujeto. La dificultad no se asienta en sus características individuales, sino que parece radicar en que no pertenece al grupo aceptable, al sexo adecuado. Dedica su tenacidad intelectual a mostrar cómo están constituidas las marcas que la excluyen. Y a demostrar que a todas las mujeres, incluso en un mundo próspero y avanzado, les está impedido el verdadero acceso a la individualidad. Y que, del mismo modo que ser mujer no es una elección, "lo femenino" tampoco es ninguna esencia.De este programa nace una de las obras filosóficas más singulares y efectivas de este siglo. La originalidad de El segundo sexo consiste en una revitalización de los principios ilustrados, instrumentada a través del existencialismo. Dicho de modo más concluyente: el propio existencialismo prueba, por medio de esta obra, sus virtualidades cognitivas y emancipatorias. Beauvoir reúne, porque el punto de anclaje filosófico se lo permite, una vastísima cultura histórica, literaria, psicoanalítica y antropológica para explicar su objeto: lo femenino como una construcción cultural y epocal. Y lo hace con perspicacia y firmeza magistral.

El segundo sexo no es una obra de consignas, sino un trabajo explicativo sin pausas. En ella Beauvoir aborda una fenomenología del sujeto-mujer y una fenomenología de las figuras de lo femenino. Y es, además, una obra producida a relativo contratiempo. Por ello y en su día fue incomprendida y considerada un catálogo extenso de sus ocurrencias personales. Quienes no compartían sus posiciones políticas la atacaron por la veta misógina. Mauriac se permitió decir que, después de leerla, ya lo sabía todo sobre la vagina de su autora. Aquellos que, con todo, quedaron impresionados por la firme trabazón argumental y la pertinencia de los ejemplos y casos aducidos para sostenerla, insinuaron que tal libro "denotaba sagacidad viril". La Iglesia, más expeditiva, la incluyó en el Índice.

En los años setenta, la gran eclosión del movimiento feminista aventó el polvo que sobre El segundo sexo se había ido depositando. Beauvoir fue vindicada, pero también criticada. Se desaprobó su arte de las distancias con todo y con todos, así como su negativa a bendecir una nueva identidad femenina. Ahora, de lo que no cabe duda es de que su análisis de la cultura patriarcal es decisivo y pertinente. "La tentación de dominar es la más universal, la más irresistible que existe" y tiene una primera matriz: la invención de lo femenino como algo diferente de lo humano, como lo Otro. Esta obra no sólo ha sido y es una de las fuentes del feminismo de la segunda mitad del siglo. Es también un ejemplo señero de filosofía de la alteridad. En este año noventa y nueve se cumplen los cincuenta años de su publicación y todavía conserva su fuerza, la misma que tiñe al feminismo en el siglo XX. Porque el feminismo no es un movimiento que afecte sólo a sus militantes. Tanto sus efectos como sus causas inciden en la sociedad moderna entera e incluso sobre tipos sociopolíticos ajenos a la modernidad, pero en trance de sumarse a ella. El feminismo forma parte de las políticas democráticas en su fase avanzada y su presencia es una de las marcas de desarrollo. Es también en la actualidad un conjunto de políticas de gestión. Pero en su fondo es una alteración valorativa y discursiva sin precedentes que transforma casi todos los modos heredados de vida.

Amelia Valcárcel es filósofa, codirectora, con Isabel Morant Deusa, de Clásicos, dentro de la colección Feminismos, donde se ha editado El segundo sexo, con motivo de su cincuentenario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de enero de 1999