Borrell
Quisiera arrojar una lanza en favor de José Borrell, ese jacobino irredento al que se ha intentado tirar a matar antes de volar alto. En 1982, en este país, asistimos con mucha ilusión y mucha esperanza a un cambio político con la llegada al poder de los socialistas, liderados por Felipe González, que comenzaba el camino llevando tras de sí nada más y nada menos que 10 millones de votos.
Casi 14 años después, en 1996, y con lo que había llovido, 9 millones y pico de aquellos 10 seguían estando ahí. Eso demostró la gran lealtad y calidad inmejorables de este electorado.
Quien pensó que debía dar un voto de castigo al partido socialista por los errores cometidos estaba en su perfecto derecho; pero personalmente creo que esos errores ya los han pagado con creces.
Hoy, en la raya del siglo XXI, si hay alguien capaz de volver a sembrar esa ilusión con lucha, vehemencia y dinamismo, ése es José Borrell sin duda, al que yo cambiaría lo de jacobino irredento por luchador nato.
No se puede echar a la cuneta sin darle una oportunidad y un voto de confianza, tanto de simpatizantes del partido socialista como del resto de los ciudadanos, a una persona que lucha por la igualdad entre todos, hombres y mujeres; que aboga por una enseñanza y una sanidad públicas; que defiende la ampliación de la protección social para los colectivos más desfavorecidos; que está a favor de una reordenación del trabajo y, por tanto, apuesta por el empleo.-


























































