Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El fin del sueño nacional

La ruptura del "primer partido obrero" de Francia -el 30% de los obreros votó por Jean-Marie Le Pen, frente al 21% que apostó por el socialista Lionel Jospin y el 8% por el comunista Robert Hue en 1995- puede modificar a medio plazo todo el panorama de este país. Con el 15,1% en las legislativas del pasado año, la ultraderecha francesa se encuentra en su máxima cota electoral y las últimas encuestas, con anterioridad a la crisis, certifican su buen momento. Al margen de los acontecimientos y de la posible escisión (de hecho, ya existente) está claro que el espectáculo de estos días ha acabado con el mito del "partido aparte", emanación natural de las "verdaderas esencias del pueblo", ajeno a las miserias personales y a la corrupción de los partidos del sistema, que los dirigentes del FN han construido.Obviamente, el desencanto colectivo ante unos líderes que se desenmascaran unos a otros en una lucha despiadada no elimina las causas del fenómeno del FN, pero su previsible desmembramiento puede permitir a la derecha democrática recuperar parte de esos votos y aspirar otra vez a batir a la izquierda plural, hoy en el Gobierno. Quedará, con todo, la obsesión ante la inmigración y la inseguridad, la exaltación nacionalista y la exigencia de respuestas para conjurar los temores y fantasmas, el miedo al paro, a la pérdida de identidad, que son el humus del fascismo francés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de diciembre de 1998