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Aznar prescinde de los cuerpos policiales y del Cesid en las conversaciones con ETA

Un reducido grupo de trabajo, a las órdenes directas del presidente, dirige el proceso

Ni la Policía ni la Guardia Civil ni el Cesid. El presidente del Gobierno, José María Aznar, ha prescindido de los aparatos de Seguridad del Estado para afrontar los contactos con ETA. Aznar ha encomendado esta delicada tarea a un reducido equipo de colaboradores de su máxima confianza, un grupo de trabajo que coordina el secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos. Para evitar interferencias, Aznar ha ordenado a Interior y al Cesid que se abstengan de todo contacto con el entorno de ETA. Los hombres del presidente son los únicos interlocutores válidos. El Gobierno no tiene prisa y, hasta ahora, según las fuentes consultadas, sólo se han producido intercambios de mensajes a través de canales indirectos.

La dirección del proceso la ha asumido personalmente Aznar, de quien depende el grupo de trabajo que coordina Zarzalejos, cuyos miembros han sido seleccionados no en función del cargo que ocupan sino por contar con la confianza del presidente. El Ministerio del Interior está representado por el secretario de Estado para la Seguridad, Ricardo Martí Fluxà, pero ni la Policía ni la Guardia Civil participan en el diseño de la estrategia o en la ejecución de las decisiones, limitándose a elevar sus análisis e informes, al igual que el Cesid. Antes de las elecciones vascas del pasado 25 de octubre, el servicio secreto exploró de modo informal la apertura de un canal de comunicación con ETA a través de un dirigente de HB, pero una indiscreción de éste hizo que la gestión saliera en parte a la luz, por lo que Aznar ordenó que se abandonara dicha vía y no se intentase ninguna otra. Hasta ahora, según las fuentes consultadas, no se ha producido ningún contacto entre los representantes del presidente y los de la organización terrorista, pero sí se han intercambiado mensajes de forma indirecta. El Gobierno ha transmitido a ETA su disposición a tratar la situación de sus presos y prófugos de la Justicia, excluyendo contrapartidas políticas, pero le ha advertido de que cualquier atentado daría al traste con el proceso. Uno de los hechos que más han impresionado a los expertos ha sido la capacidad de ETA para controlar los disturbios callejeros, que se han reducido al mínimo desde que el 18 de septiembre entró en vigor la tregua.

Primera fase

El Gobierno cree que el tiempo corre a su favor, pues mientras más dure el cese de la violencia más difícil será reiniciarla. Aznar declaró ayer que el proceso está "en la primera fase" y que, por el momento, "no hay más novedad". No obstante, el ministro portavoz, Josep Piqué, aseguró que el Gobierno ha reaccionado "con rapidez y agilidad" para lograr una solución definitiva "lo antes posible" y aseguró que la expectativa de paz está cada vez "más sólidamente fundada". Ya en sus declaraciones del 3 de noviembre, cuando autorizó públicamente el inicio de los contactos, el presidente dejó claro, también ante sus eventuales interlocutores, que asumía personalmente el control del proceso. Esta decisión deja relativamente al margen al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, lo que facilita el entendimiento con el PNV, al que se atribuye un papel crucial en la última fase del proceso. Aznar rechaza, sin embargo, el recurso a intermediarios interesados o mediadores, sobre todo extranjeros, así como la reedición de una mesa como la que el Gobierno socialista formó en Argelia para negociar con ETA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de noviembre de 1998