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Gesto por la Paz insta al acercamiento de los etarras que renuncien a las armas

Ni con unos ni con otros, Gesto por la Paz, una organización no partidista surgida hace 12 años en Euskadi y Navarra para luchar contra el terrorismo, pidió ayer al Gobierno que acerque sin más demora a los presos de ETA a su tierra; y a los reclusos, que renuncien expresamente a la lucha armada y que reconozcan el daño causado para poder optar a las medidas de reinserción. "Hacer definitiva la tregua", reza el documento entregado ayer en Madrid a todos los partidos políticos, "únicamente está en las manos de ETA; pero construir la paz con los mejores materiales es una tarea de todos y de todas".Con tal empeño, Xavier Ollo, uno de los portavoces de Gesto por la Paz, advirtió al Gobierno de que condicionar el traslado de presos al futuro de la tregua los convierte en "rehenes de ETA". Además del "castigo añadido, extralegal, no decidido por ningún juez", que supone el alejamiento sistemático de los presos, Gesto por la Paz considera que es un error estratégico que contribuye, sin pretenderlo, a reforzar los vínculos del recluso con la banda terrorista.

"Al ser un tratamiento excepcional", explica, "refuerza la autopercepción del preso como preso especial y hasta preso político y dificulta además el contacto de los reclusos con la realidad vasca y facilita por tanto el control ideológico del MLNV". Gesto por la Paz pide el consenso de todos los partidos para evitar que la política penitenciaria "sea utilizada como arma arrojadiza con fines electorales". Un consenso que, según el documento, debería traducirse en la supresión del primer grado penitenciario -el que supone un régimen de vida más severo- que se aplica de forma habitual a todos los presos por delitos de terrorismo, pero también que impida acceder al segundo grado -más liviano- a los reclusos que no renuncien expresamente a la lucha armada.

La propuesta de Gesto por la Paz no olvida a las víctimas de ETA: "Nos atrevemos a afirmar que desde un punto de vista humano y ético es muy deseable, y favorecería una reconciliación social efectiva, que cada penado llevara a cabo un cierto reconocimiento del daño social y humano causado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de noviembre de 1998