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Cartas al director

Derechos y deberes

A veces pienso que convivimos en una democracia donde se vulneran los principios básicos de la misma. Lo hemos podido comprobar en el transcurso de un viaje con

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varios amigos. Ocurrió en la ciudad de Salamanca, que, dicho sea de paso, nos pareció una capital encantadora y abierta, pero tuvimos la desgracia de topar con cinco monos vestidos de guardias de seguridad. Todo esto nos ocurrió en una discoteca; nos decían los chavales de alrededor que era una práctica habitual de la discoteca, pero que nadie los denunciaba. La única explicación que nos dieron fue que no éramos "clientes habituales", cuando dos de nosotros ya casi habían entrado.

Lo que vino después sí que fue una sorpresa. Denunciamos ante la Policía Nacional el hecho, y nos explican dos guardias que no les compete la denuncia porque no hay ningún tipo de agresión; nos quedamos perplejos ante tales afirmaciones. Pero insistimos y solicitamos sus números de placa, lo cual los pone nerviosos y avisan al superior; este señor nos tramita la correspondiente denuncia y nos comenta que no vamos a llegar a ningún sitio, cosa que ya sabíamos, pero al menos nos evadimos de la impotencia que llevábamos dentro. Una reflexión por último: si todos denunciaran los hechos, seguro que a esa discoteca ya le hubiera ocurrido algo más grave. Y, sobre todo, que prevalezca en nuestra convivencia la tolerancia y el diálogo.- y cinco firmas más.

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