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Reportaje:

Zarabanda de topónimos

Un estudio revela los caprichos callejeros que han marcado la historia del nomenclátor urbano

El parque de Juan Carlos I no existe, asegura un experto. La norma exige un acuerdo plenario que así lo designe y tal acuerdo no aparece por ningún archivo municipal. La plaza de Neptuno, tampoco existe. Se llama de Cánovas del Castillo desde hace siete décadas. La Gran Vía no es una avenida. Son dos avenidas y un paseo, con anchuras distintas.De las denominaciones de vías públicas madrileñas, una de las más extrañas es la que lleva el nombre de una decisión del Tribunal Supremo. Se llama Memoria Vinculante. Corresponde a una sentencia en la que obligaba a los constructores a cumplir los compromisos inmobiliarios contraídos con chabolistas.

Un prócer madrileño, Marcelo Usera, dió a 50 vías públicas los nombres de su secretario, su cocinera, su chófer, suegros y otros parientes. El Cid Campeador, héroe medieval, tiene una de las calles más cortas de Madrid. Con la calle de Barcelona sucede lo mismo. No miden mucho más de cincuenta metros. Aunque la capital catalana dispone de toda una avenida. Y ya que va de números, hasta setenta apelativos definen otros tantos tipos de vías urbanas, desde Calle a Barranco, de Portal a Jardincillo, de Atajillo a Vereda.

Distintos ayuntamientos han ignorado sus acuerdos y han manoseado a su antojo el callejero.

Entre esta zarabanda de apelativos y de nomenclaturas, un hombre, Luis Miguel Aparisi, miembro de la dirección técnica de RTVE, ha empleado catorce años en sistematizar la toponimia madrileña; siguiendo el rastro de las 20.600 denominaciones de las vías urbanas, desde el Instituto de Estudios Madrileños al que pertenece, ha descubierto numerosas anomalías y rarezas como algunas de las antes enunciadas. Pero, pese a todo, se muestra optimista. Cree que la razón prevalecerá. En su libro Proceso evolutivo de la toponimia madrileña, con 2.000 páginas, pugna por detectar los aciertos e incumplimientos mostrados durante siglos por ediles, representantes y pueblo de Madrid respecto a los nombres de las vías públicas. Su estudio resalta las alteraciones inyectadas al nomenclátor madrileño por los distintos humores de unos y otros. Y propone alternativas, como la supresión y unificación de muchos apelativos.

Es el Área Central de Cultura y Urbanismo del Ayuntamiento el que tramita el bautismo de toda calle, cuyo nombre puede ser propuesto por cualquier ciudadano. El área la presenta ante el pleno municipal, que ha de acordarla. Al menos 65 nuevas denominaciones de calles referidas al Camino de Santiago han sido incorporadas al callejero de Madrid el 25 de septiembre. Se trata del acuerdo más abultado de los últimos tiempos.

Prosigue el lío.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de octubre de 1998