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Cartas al director

Calurosa y desierta

Mañana de domingo, calurosa y desierta. Me he deleitado y embriagado de sus calles, de su quietud, de sus rincones apacibles, de sus árboles umbrosos, del andar cansino de su gente. Amo Madrid. A pesar de las heridas urbanísticas que una y otra vez los mediocres dirigentes municipales arremeten contra ella, a pesar de su ruido, de su contaminación, de su bullicio, emerge siempre con donaire, con dignidad, con belleza. Madrid atrapa, envuelve, se la añora si permanecemos lejos mucho tiempo. En esta mañana de agosto, me he vuelto a enamorar de Madrid.-

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