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CARTAS AL DIRECTOR

Tragaperras

Magníficas imágenes audiovisuales sobre Renfe se suceden durante el trayecto Madrid-Málaga en el Talgo 200. Son imágenes elegantes y casi provocan en mí la sensación de placer y de superioridad del que viaja en un vagón de primera.Pero la estación de Málaga-Renfe vino a poner fin al idílico trayecto de mi imaginación. Como en años anteriores, decidí coger un carrito con el que soportar el peso de las maletas hasta la parada de taxis. ¡Cuál fue mi plebeya sorpresa al toparme con que para moverlo tenía que introducir 200 pesetas! No obstante, todo hay que decirlo, se me premiaría con un 25% de la cuota si una vez utilizado lo colocaba en su sitio. Este detalle se debe a la empresa a la que Renfe ha transferido la competencia de los galerines (hasta el año pasado, un servicio gratuito).

Tuve además la oportunidad de enfrentarme a la lujosa experiencia de pagar 160 pesetas por una lata de coca-cola en el bar de la estación. Como el mismo camarero me dijo, con ello estaba pagando "un servicio personal, así como la garantía de recibir la lata a cambio del dinero", dado que las máquinas podían quedarse Pasa a la página siguiente Viene de la página anterior con el dinero y con la lata. El caso es que, anonadada, pagué 160 pesetas por la misma lata que en la máquina me costaría 125, y que en el supermercado me compro por 42 pesetas. Pero lo pagué con gusto, porque el camarero estaba en lo cierto; las máquinas de la estación no funcionaban y precisamente por eso yo había decidido entrar en el bar a pedirla.

Mis aventuras como plebeya no terminaron allí. Por suerte, a la vuelta de mis vacaciones volví a coger otro carrito, más que nada por no privarme del lujo que supone no lastimarme la espalda. Pero ¡cuál fue mi sorpresa en esta ocasión!: al intentar colocar el galerín pude comprobar que la barra en la que se reponen estaba completa y no admitía más carros, o lo que es lo mismo, no daba más premios de 50 pesetas. Evidentemente, tampoco podía sacar el carro del andén, puesto que una vez que llega el tren a la vía quedan acotadas y restringidas la entrada y salida de los pasajeros al andén correspondiente. Conté el número de carros que caben en la barra destinada a su aparcamiento: 24, y 13 quedaron en el andén sin premiar.

En el trayecto volví a ver el vídeo sobre los servicios de Renfe, en este caso ya con cierto distanciamiento y frustración. Confirmando el dicho, también en este caso la realidad superó a la ficción: por más que nos empeñemos algunos, jamás perteneceremos a esa clase privilegiada a la que servilmente Renfe ofrece sus más sofisticadas atenciones.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de agosto de 1998