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Reportaje:

Tetuán: convivir, pero sin relacionarse

"En Tetuán, los inmigrantes y los vecinos de toda la vida conviven sin conflictos, pero sin relacionarse entre ellos". Quien así habla es Antar Hassan, un sudanés que ejerce de mediador en el amplio distrito comprendido entre Cuatro Caminos y plaza de Castilla. Una zona donde cada vez vive más población de origen extranjero y en la que se ha consolidado un pequeño Caribe, entre las calles de Almansa y Topete, donde se reúnen los dominicanos. Hay, además, lugares de reunión de caboverdianos, y una mezquita.En la zona existen numerosas asociaciones, y la tarea de Hassan y del otro mediador que trabaja con él es poner a unas en contacto con otras. Persiguen, sobre todo, que las que aglutinan a los inmigrantes se vinculen a las que ya existían dedicadas a la educación, al ocio, al trabajo con menores o a la reivindicación vecinal.

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Tienen, además, que lidiar con problemas concretos de cada colectivo. "Vienen numerosos ecuatorianos que quieren informarse sobre cómo obtener la residencia porque acaban de llegar. También tenemos casos de gitanos rumanos que viven hacinados y de magrebíes con dificultades laborales y de vivienda porque les cobran precios abusivos por casas en muy mal estado", explica.

"Los dominicanos recurren menos a nosotros porque entre ellos tienen sus propias redes de apoyo. Nos hemos planteado como objetivo acceder a la comunidad filipina, que se reúne en una iglesia de Valdeacederas, donde celebra misas en tagalo, clases de español y otras actividades sin mantener apenas relación con los madrileños", añade Hassan.

2.260 inmigrantes atendidos

En su primer año de vida, este servicio de mediación intercultural ha atendido a 2.260 inmigrantes, asesorándoles o derivándoles (e incluso acompañándoles) a los servicios que pueden resolver su problema. Ha realizado, además, 120 traducciones. Su coste es de 21 millones de pesetas anuales, de los que el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales aporta 12, y la Comisión Europea, 3,3. El resto lo pone el Ayuntamiento.Mercedes Jabardo, una de las coordinadoras del programa, explica que se trata de un proyecto abierto. "Estamos constantemente redefiniéndolo según las necesidades que descubrimos", asegura. "En un primer momento pensamos que sobre todo íbamos a encontrar problemas laborales, de vivienda y de papeles, pero han surgido otras demandas, por ejemplo, de ocio o educativas, de inmigrantes con alto nivel formativo que trabajan de cualquier cosa y quieren promocionarse, o de los colegios", añade.

Los mediadores se coordinan con los servicios sociales de distrito, donde acuden dos días por semana. Los demás hacen calle. Su tarea es la de un especialista en inmigración que desempeña su labor a pie de obra y conoce la cultura y la lengua de sus usuarios. Con su dedicación especial complementan la tarea de los trabajadores sociales, que deben atender casos de todo tipo y no pueden dedicarse de forma tan específica a los inmigrantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de agosto de 1998