Tribuna:Andalucía de la A a la Z
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Calor: un fino polvo africano

El calor es el tema del que más se habla en el verano, centro de un debate en el que de forma espontánea intervienen miles de componentes del foro del XXI y siglos venideros. En un puesto de churros (calientes en Sevilla, tejeringos en Córdoba), te puedes enterar de la fórmula del aire acondicionado, cuyo enunciado sería más o menos el siguiente: el número de frigorías de cada aparato se calcula multiplicando los metros cuadrados de la vivienda por 150. Los sueños de la calor producen monstruos: noctámbulos, rebeldes, crápulas, rebeldes, la respetable clientela del anuncio de una marca de ginebra. Hace calor, canta Kiko Veneno. Calor de veras en el capítulo 65 de Platero y yo, titulado precisamente El verano. Secuelas estivales en la sangre que chorrea Platero por las picaduras de los tábanos. Un burro ensangrentado que parecería un toro, aunque no precisa Juan Ramón si los picadores se llaman Salvador Dalí y Luis Buñuel. El dueño del burro, para consolarlo de la afrenta, le ofrece una sandía que previamente ha rajado a la sombra de un nogal. Hay Nobel sandía y Nobel melón. "Platero se bebe la carne de azúcar como si fuese agua". En Granada le dicen soplillo a la excesiva exposición de la cabeza a los efectos del sol. Adelaida García Morales prefiere irse a Capileira y refugiarse en las Alpujarras en un poema de Hölderlin: "¿Qué podemos amar que no sea una sombra?". ¿Por qué tanta calor?, preguntan a coro los del foro. Porque las borrascas del Mediterráneo nos cogen de espaldas y las del Atlántico llegan con más facilidad a Escocia, a Bretaña y Galicia que al golfo de Cádiz. Lo dice José Luis Comellas, historiador y estudioso de los fenómenos meteorológicos. Écija es la sartén de Andalucía por el doble efecto de la continentalidad y el bajo nivel del suelo. Es como una conflagración: las temperaturas son altas porque estamos sometidos al capricho de dos potencias extranjeras, el anticiclón de las Azores y el aire africano procedente de la depresión térmica sahariana. Aires llenos de mala conciencia histórica, una especie de marcha verde al revés cuyas huestes envían aires recalentados y llenos de fino polvo. Un polvo, con perdón, que actúa como termostato y confiere, según Comellas, "su peculiar tono gris, parduzco al cielo sevillano". El calor aplatana. A Márquez, camarero ya jubilado, le pregunta el foro lo que los de Palacagüina le preguntaban a Clodomiro el Ñaco."¿La vida? Jodida y puesta al sol, como las putas". A pleno sol, con Ripley de socorrista en las piscinas de Coria.

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