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Crítica:

Bella de día

22.50 / Comedia / La 2Belle de jour. Francia, 1967 (96 minutos). Director: Luis Buñuel. Intérpretes: Catherine Deneuve, Jean Sorel, Michel Piccoli, Francisco Rabal.Lo extraño se desvela rutinario; la más convulsa de las perversiones, puro trámite. Buñuel se entretiene en cambiar las reglas. La novela de Joseph Kessel se convierte en manos del aragonés en un frío y milimetrado tratado antiético. Séverine -Catherine Deneuve dando una lección de inexpresividad- está triste. Mejor, hastiada. Mientras su marido se emplea como perfecto cónyuge, ella se hace puta. Y lo hace sin estridencias ni aparatosos despliegues. No quiere ser meretriz o dama de compañía. Para sacudirse los siglos de abotargamiento, cansancio y desesperación, necesita ser, en su sonoro desgarro, simple y llanamente puta. Un chino, un duque, un gánster con dientes de platino... todo vale. Le duele la frigidez milenaria que pesa sobre su dulce, rubia, transparente condición burguesa. Todo suena tan escabroso como revolucionario y, sin embargo, durante poco más de hora y media no se oye un solo grito. Una realización sobria y gélida describe con pulso de cirujano los embustes de una vida fatigada. Tras los sueños más ocultos, escondidas en las fantasías más humillantes, se descubre en esta película una verdad con alma bufa: lo amoral, por fin, es aburrido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de julio de 1998