La OCDE admite la reducción de jornada a cambio de una mayor flexibilidad laboral

El salario mínimo ya no es el principal causante del paro, la reducción de la jornada laboral no es necesariamente ruinosa y las prestaciones sociales no incitan al absentismo. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), considerada como la fábrica del pensamiento ultraliberal, hace una notable inflexión en su estudio más reciente estudio, Perspectivas del empleo 1998. En él reconoce, por primera vez, que la reducción de la jornada laboral puede crear empleo, siempre que vaya acompañada de flexibilidad laboral y moderación salarial

La OCDE se ha sumado al debate de moda en Europa, la reducción a 35 horas de la semana laboral. Y lo ha hecho cambiando de criterio.En el estudio Perspectivas del empleo 1998, los técnicos del organismo internacional sostienen que la reducción de la semana laboral "puede traducirse en creación de empleo o en evitar su destrucción". Eso sí, siempre que se acompañe de "moderación salarial y de que se reorganicen las prácticas de trabajo". La famosa flexibilidad, el trabajo a tiempo parcial y la anualización del cómputo del tiempo de trabajo son recursos compatibles y necesarios para que la semana de 35 ó 32 horas pueda aplicarse, recalcan en el estudio.

El documento ofrece otros cambios de postura notables de la OCDE. Ahora, el salario mínimo interprofesional (SMI) "tiene ventajas y costes" y puede "contribuir a que los salarios no caigan más bajo de lo que es socialmente aceptable". Es más, los autores del texto afirman que "ni la teoría económica ni los estudios econométricos permiten decir de manera definitiva cual es el efecto sobre el empleo de un SMI".

Algunas constataciones sí son posibles. Por ejemplo, que "en los países en los que el SMI es relativamente elevado", casos de Francia o Bélgica, "las desigualdades de remuneración son menores y el empleo precario es menos frecuente".

Y no solo eso, pues un salario mínimo razonable impide también "que haya diferencias importantes entre los sueldos de los trabajadores jóvenes y los veteranos, o entre los hombres y las mujeres".

Sin embargo, un salario mínimo interprofesional excesivamente alto, según el informe, puede reducir las oportunidades de encontrar trabajo de los jóvenes. La OCDE aconseja a los gobiernos que, a la hora de reavalorizar el SMI "no se dejen aprisionar por fórmulas que lo liguen al alza de precios o a la progresión del salario medio". Excepto si se hace como los holandeses, "que ponen como condición a la revalorización que el paro no sobrepase un determinado umbral".

Las prestaciones sociales subordinadas al ejercicio de alguna actividad son vistas con cierta reticencia por la OCDE, "porque pueden ser más costosas para las finanzas públicas que un salario mínimo" y susceptibles de algunas perversiones, como que "queriendo subvencionar a los trabajadores, las prestaciones acaben por subvencionar a los empresarios". El salario mínimo y las prestaciones "son medidas que no pueden adoptarse aisladamente, pero su complementariedad depende de su coste para el Estado", señala el organismo.

Jubilación anticipada

La OCDE augura que "la tendencia a la jubilación anticipada va a invertirse" y que ésa será "una de las vías esenciales para evitar que el envejecimiento de la población se traduzca en pérdida de nivel de vida".Por último las estadísticas de la OCDE revelan también que el paro es especialmente problemático en países como Bélgica o Finlandia, porque hay un elevado número de familias en las que ninguno de sus componentes trabaja.

"En Grecia, Irlanda, Italia o España, aunque tengan tasas de paro más elevadas, éstas son más soportables porque parados e inactivos comparten vivienda con otros que trabajan".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de junio de 1998.

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