FINAL LIGA DE CAMPEONES

Sanchis: "Esta Copa me la dedico a mí"

Sanchis, 32 años, levantó la Copa. Fue el gran instante y él tuvo el privilegio, Manuel Sanchis, el capitán del Real Madrid, el último de una generación agotada sin ganar el trofeo soñado por el madridismo, 14 temporadas en el primer equipo, veinte años en la casa, hijo de otro jugador, otro campeón de Europa. "Es difícil de describir lo que estoy sintiendo en este momento, hemos hecho un gran partido y hemos sido superiores. Aunque suene a egoísta esta Copa de Europa me la dedico a mí. También a mi familia y en especial a mi padre, con el que ya me puedo sentar a discutir de fútbol. También se la dedico a Míchel, Emilio, Rafa y Miguel, que lucharon tanto por esto".El árbitro Hellmut Krug pitó el final y muchos lloraron en medio del rectángulo verde del Amsterdam Arena. Seedorf, Roberto Carlos, Mijatovic, Hierro... Con el rostro más rojo que nunca, Heynckes paseaba entre ellos. Morientes se le avalanzó. Alzó al entrenador en sus brazos y le dio un beso. Lo depositó en la hierba, y corrió hacia el foso a recoger una bufanda. Se la ató a la cabeza. Se bañó en champaña y prometió: "Me voy a pintar el pelo rojo, como mis botas".

Salía del tono festivo -además de Savio, que deambulaba con una media sonrisa y los brazos caídos, como si la cosa no fuera con él- Jaime. El pelirrojo mediocentro andaba taciturno. Exhibía ante las cámaras una camiseta con una inscripción: "Óscar Molina, esta va por tí". Se trata de un jugador del filial, ex compañero de Jaime, que murió en un accidente de tráfico tras ir traspasado al Mérida. "Se la dedico a un grandísimo amigo", informó Jaime.

"He cogido la Copa, la he tocado, la he abrazado, la he besado...", Raúl era una sola risa, desbocado de alegría, "esto hay que celebrarlo, me he pasado todo el año pensando en la Copa de Europa". Roberto Carlos paseaba con la cabeza herida, enfundado en la bandera de Brasil: "Era inevitable en mi vida", predestinó el carioca. Y él y sus compañeros se marcharon cantando y en desorden, rumbo al túnel de vestuarios. "Me voy a fumar el puro más grande del mundo". Davor Suker prometía celebraciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 20 de mayo de 1998.

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