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Tribuna:ISLA DE LOBOS

Esto no es Hollywood

LA ESPALDA DEL TIEMPO. Si tienes condiciones para la puesta en escena, como parece que le ocurre a Borrell, alguien te recuerda que esto no es Hollywood, y si eliges el recato, como Javier Marías ha hecho, devolviendo la literatura a su propia intimidad y renunciando a los focos, es posible que te miren con desconfianza. Te hacen pagar por el exceso de imagen y también, si pueden, por la renuncia al escaparate. No será la cobardía lo que le recriminen a Marías: Negra espalda del tiempo (Alfaguara) es, entre otras cosas, una novela valiente. Está escrita con la mejor prosa y con idéntica gallardía que la que Marías emplea en los periódicos al hablar de las cosas que nos pasan y a veces no nos atrevemos a nombrar. Uno de sus privilegios es poseer una voz muy propia que en esta novela es, según él, «la voz del tiempo cuando aún no ha pasado ni se ha perdido y quizá por eso ni siquiera es tiempo».DE AYER A HOY. Esto no es Hollywood, como diría el funcionario Michavila, ni París, ni estamos en el 68. Aunque Aznar suponga, mientras sopla las dos velas de su tartita de cumpleaños en La Moncloa, que el reclamo de aquella primavera -«la imaginación al poder»- se ha cumplido en Madrid y en mayo. Seguramente a Aznar no lo dejaron ir sus padres a aquel alboroto parisino, ni él debió de poner mucho empeño, siendo como era un jovencito de orden, de aquel orden. Pero el tiempo de Aznar no tiene espalda negra. Quizá ni espalda.

ENTRE ACTORES. El ingenioso Michavila, en línea con la costumbre gubernamental de señalar lo evidente, avisa a Borrell de que el Congreso no es Hollywood. Borrell debe de haberse acostumbrado ya a recibir indicaciones de este tipo: también le advirtó Chaves en su día de que no eran las primarias un concurso de belleza. Pero ha de preguntarse el candidato socialista qué ha hecho él para ser tan temido como si de una verdadera estrella se tratara. Porque es bien cierto que la casa que regenta Trillo no es, a diferencia de Hollywood, el lugar de trabajo de unos buenos actores (actores, sí, aunque más bien mediocres), pero sí un cenáculo de vanidosos varios y de ambiciosos con escrúpulos o sin ellos. Tienen en común con Hollywood, además, otro empeño, si bien el resultado americano es distinto: hacer del cuento, a veces, una industria rentable. No le he preguntado a Luis Carandell, que conoce el Parlamento mejor que Michavila, si alguna vez tuvo la egregia casa más parecido en lo mejor a Hollywood o con parlamentarios como Cascos alcanzó otras similitudes: una cierta cercanía a la taberna, por ejemplo. Seguro que contesta a eso en la brillante historia cotidiana de las Cortes que es su libro Se abre la sesión (Planeta). De cualquier modo, un actor como Aznar, tan fotogénico, aunque se retrasara algo en un retrato histórico reciente, nada debe temer a que el actor Borrell le chupe cámara. Es más: en caso de que el hemiciclo se convirtiera en Hollywood, es posible que los buenos prosistas que otro día contaron la película parlamentaria - Márquez Reviriego, Vicent, Cándido o el propio Carandell- volvieran a sus jugosas descripciones. Hasta Azorín, minucioso, podría regresar.

NUESTRA PELICULA. Yo cruzaba La Mancha en coche cuando oí al presidente anunciar su próximo milagro de que en tres años -antes no, porque habría elecciones y sería preciso demostrarlo- el paro pertenecería ya al pasado. Y pensé que porque las películas de milagros, en plan Fátima y Lourdes, nunca han sido del gusto de Hollywood (prefieren los filmes de hundimientos) podríamos montarnos una de paraíso terrenal en estas tierras rojas, ocres, que alternan con praderas de tan variados verdes, por las que pasearía, ya sin nada que hacer, un creador, Aznar, en su séptimo día. Ya tenemos actor protagonista y, según pude ver, llegada la noche, en televisivo diálogo doméstico, contamos con actriz: Ana Botella. Esto no será Hollywood, pero tenemos nuestra Hillary.

RECOMENDACIÓN. Las crónicas resaltan en el flamante responsable del Banco Europeo su afición a la poesía, quizá les pareciera una rareza a los cronistas. Borrell también recita versos de memoria, tal vez sin asesores. Pero si Aznar ha leído a Vinicius de Moraes en su Receta de mujer, como podría deducirse de las declaraciones de su esposa, yo me permito recomendar a doña Ana la lectura de Apogeo (Visor), donde Gioconda Belli parafrasea a Moraes con su Receta de varón. Describiendo al hombre dice en un fragmento: «Las piernas también son importantes / pero les perdonamos las torceduras, / lo tosco, las imperfecciones, / si al encontrarnos con la boca / vemos una sonrisa en la que poder confiar / y unos ojos que nos aseguren la mañana».

P. D. La madrastra de Blancanieves, con bigote, vuelve a interrogar: «Espejito, espejito, dime: ¿quién es más guapo, Borrell o yo?». Prefiere el espejo no contestar y se hace trizas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de mayo de 1998