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Entrevista:

"En París, los parques cierran de noche y mil polícias los vigilan"

Santiago Romero Gerbolés, nieto, hijo y padre de madrileños, tiene 48 años y aspecto de ser hombre aplomado. Mantiene los reflejos siempre a flor de piel. Arquitecto por la Politécnica de Madrid, impartió clases de paisajismo en la Fundación Camuñas, como profesor especializado. Dirige el Departamento de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Madrid desde hace 14 años. Ha vivido las administraciones socialista, centrista y popular: parece dispuesto a seguir al pie del cañón en uno de los cargos más similares a los rompeolas de los fragorosos mares de la política. Pero Romero se empeña en definir sus cometidos como meramente técnicos. "Ahí tengo mi título de arquitecto, enmarcado. Estoy siempre dispuesto a regresar a mi profesión original", recuerda. En octubre de 1997 fue elegido presidente de la International Federation Park and Reacreation Association (IFPRA), que agrupa a los principales países.

Pregunta. Desde el punto de vista del arbolado, Madrid ¿qué tipo de potencia es: grande, media o marginal?

Respuesta. Si comparamos las proporciones entre dinero invertido y hectárea verde, hay por doquier ratios más elevadas que las madrileñas

P. ¿Y respecto al clima?

R. Ya quisiera yo que Madrid presentara las características de París, con su humedad constante y sin las bruscas subidas veraniegas del termómetro hasta los 42 grados, o los descensos invernales bajo cero, como sucede aquí. El trato ciudadano a los árboles nos causa muchos problemas.

P. ¿Qué diferencias observa con otros países?

R. En París, sin ir más lejos, todos los parques cierran de noche. Un millar de policías vela por los recintos ajardinados, para lo que cuentan con capacidad sancionadora.

P. Existe un importante segmento ciudadano muy insatisfecho respecto a la gestión y trato del arbolado en Madrid.

R. Niego la mayor. También recibo numerosas felicitaciones por la gestión. Yo no soy político, sino un técnico. El caso es que el asunto se ha politizado mucho. Se intenta acusarnos de arboricidas. No puedo dejarme llevar por las emociones. Cualquier árbol tiene un periodo definido de vida. El mito de los árboles centenarios es eso, un mito. Ya apenas quedan en Madrid.

P. ¿Gracias a las podas?

R. En su fase final, los árboles comienzan a ser peligrosos y hay que reponerlos. Es ley de vida.

P. ¿Podría asumir su departamento plenas competencias de poda, hoy en manos de las juntas municipales?

R. Sí. Así se hizo hasta 1984. Pero..

P. ¿Qué necesita para ello?

R. El vencimiento de los pliegos de condiciones ya acordados, dentro de un año y medio. Es necesaria una decisión política y, también, una modificación, al alza, del precio de conservación por hectárea y árbol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de marzo de 1998

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