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Adiós a los 'perros de la guerra'

Suráfrica tramita una ley que limitará las actividades de sus mercenanos en el exterior

Johanesburgo

Las actividades de los llamados perros de la guerra, mercenarios a sueldo, quedarán reguladas en Suráfrica mediante una nueva ley cuya propuesta acaba de ser aprobada por la Asamblea Nacional con el apoyo de todos los partidos políticos. Se espera que sea elevada a ley por el presidente Nelson Mandela en los próximos meses. Con la nueva ley, Suráfrica trata de borrar la imagen belicosa del país que difundieron sus mercenarios.La tradición del que fuera poderoso Ejército surafricano durante la década de los setenta y hasta los ochenta, tiempo de infamia para Suráfrica, ha quedado patente en los que hoy constituyen temidos ejércitos de mercenarios, activos en diferentes puntos del globo.

El entonces presidente Pieter Botha, a la vez responsable de la cartera de Defensa, consiguió crear un superejército de 400.000 hombres. Muchos de ellos alcanzaron un fanatismo militar sin límites en la defensa de los derechos del hombre blanco surafricano.

Soldados y mercenarios surafricanos participaron en varios conflictos del África subsahariana durante la época de segregación racial, con el objetivo de desestabilizar a los vecinos que apoyaban entonces al Consejo Nacional Africano. Tropas surafricanas lucharon contra otros movimientos de liberación, como la namibia SWAPO, y apoyaron a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo), protagonistas de las guerras civiles de esos países en los sesenta.

Esa tradición intervencionista prosiguió hasta esta misma década, con la participación, desde 1991 a 1996, de la empresa surafricana de mercenarios Executive Outcome en la guerra civil de Sierra Leona, donde se hizo pagar con diamantes, y la presencia de hombres armados surafricanos en las recientes guerras en el valle del Congo.

Executive Outcome, definida legalmente como empresa de servicios de seguridad, fue creada por uno de los más ilustres militares de la guerra de Angola: el jefe del espionaje militar-comandos especiales, Eben Barlow.

Executive Outcomes tuvo la responsabilidad no sólo de entrenar al Ejército del MPLA (Movimiento para la Liberación de Angola) en el manejo de las armas tradicionales y otras de mayor tecnología (éstas fueron las bases del contrato inicial), sino también, y a cambio de participaciones económicas importantes en las extracciones de los ricos yacimientos diamantíferos situados en la provincia de Luanda Norte, conseguir la retirada del Ejército de UNITA de las áreas diamantíferas controladas por Jonas Savimbi; de otro lado, atacó las bases de Huambo, en la región central de Angola, desde donde Savimbi dirigía el control de -un 60% del territorio nacional ocupado por sus 60.000 hombres.

Mercenarios surafricanos, entre otros, también estuvieron envueltos en Papúa-Nueva Guinea, estos contratos fueron cancelados debido a presiones internacionales.

La causa de los legendarios mercenarlos surafricanos no se agota, a pesar de la nueva ley que prohíbe, con fuertes penalizaciones y severas condenas de cárcel, además de confiscación de toda propiedad, cualquier participación directa en combates en conflictos que puedan ocurrir en la propia Suráfrica, en África o en otros países fuera del continente. Lo que la ley no prohíbe es la ayuda de capacitación militar y entrenamiento a ejércitos de Gobiernos que hayan sido elegidos democráticamente.

No obstante, para esta actividad se deberá contar con una autorización previa del Comité Nacional para el Control de Armas Convencionales. El Gobierno surafricano tratará así de controlar qué tipo de actividades militares, y a cargo de quién, serán autorizadas. No obstante, existe otro punto de gran importancia previsto en la ley que podrá ser, una puerta de escape para los muchachos de Barlow: toda actividad humanitaria llevada a cabo con civiles en países o regiones que vivan conflictos armados está exenta de cualquier permiso o sanción.

Conociendo a Eben Barlow, no será de extrañar ver a sus hombres cruzando África con uniformes de la Cruz Roja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de febrero de 1998