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Reportaje:

Matemáticas para jóvenes bailarines

Un instituto adapta sus horarios para que los alumnos del conservatorio de danza puedan estudiar bachillerato

Algo había que hacer, pensó Virginia Valero, directora del Real Conservatorio Profesional de la Danza, para conseguir que sus alumnos no dejaran los estudios de bachillerato. O para que no bajaran su rendimiento en las clases de baile. Ya se sabe que la profesión de bailarín es muy sacrificada. Pero no está de más facilitar las cosas a estos jóvenes que han de sacar dos títulos a la vez: el de bachillerato y el de danza. Suman estos adolescentes una jornada de ¡once horas diarias!Por eso, la dirección del conservatorio se dirigió al vecino instituto Cervantes (Arganzuela) y al Ministerio de Educación y logró formar un grupo de cada curso para los estudiantes de danza, con un horario diferente al del resto de alumnos del centro. Ahora estudian en el Cervantes unos 120 futuros bailarines o músicos. "En 1992 se pidió al ministerio y al instituto Cervantes que aceptara un grupo especial vespertino para alumnos del conservatorio, en donde las clases son por la mañana. Ahora los alumnos de danza tienen asegurada plaza en él", explica Valero.

Taller del Conservatorio de Danza, en el teatro de la Escuela de Arte Dramático (avenida de Nazaret, 2

Metro Ibiza), del 20 al 22 de febrero, a las 17.00 y a las 19.30. Gratis.

La dirección del instituto es comprensiva con las obligaciones de estos jóvenes. No se les tienen en cuenta las faltas si se deben a ensayos o funciones. Y se procura no examinarles cuando tienen compromisos artísticos. Por lo demás, se les exige lo mismo que al resto de los estudiantes, según explica el jefe de estudios del Cervantes, un profesor que ya no se sorprende con las piruetas que continuamente se ven en los pasillos.

Poco a poco se han sumado a estos grupos estudiantes de otros conservatorios de baile y también de música. Son clases en las que la mayoría de las chicas llevan mono, se ven estuches de flautas y grandes mochilas: salen todos los días con la casa a cuestas. Llevan la ropa que necesitarán durante las seis horas que pasan en el conservatorio, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde. Cargan con la comida que devoran en media hora escasa, porque a las tres y media empiezan las clases en el instituto, al que llegan con los libros correspondientes. A las 20.30 salen de regreso a casa.

"Ha sido un acierto. De otra manera, muchos hubieran dejado sus estudios. Desde el conservatorio se les anima a que terminen la enseñanza obligatoria", comenta Valero. "Su tiempo les cunde el doble que al resto de los alumnos", señala la profesora de filosofía. "Yo no sé de dónde sacarán el tiempo para estudiar, pero está iniciativa está dando buenos resultados", comenta el jefe de estudios del Cervantes. Estos días, las aulas de estos estudiantes estarán algo vacías. Los jóvenes bailarines se presentan en un teatro con coreografías de José Antonio, Juan Carlos Santamaría o Elvira Andrés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de febrero de 1998