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Un hombre de 71 muere apuñalado al enfrentarse a un ladrón

Manuel Fernández Serrano, de 71 años, murió ayer tarde por enfrentarse a un atracador en la calle de Francisco Palau y Quer, en Chamartín. La víctima se encaró contra el hombre que trataba de robar su automóvil a 20 metros de su domicilio, según la Jefatura Superior de Policía. El delincuente no consiguió su objetivo, pero, antes de huir, clavó cuatro veces un puñal a Fernández: tres a la altura del corazón y otra en la axila. La víctima fue trasladada aún con vida, por el Samur, al hospital de La Paz. Allí su corazón se apagó a las 16.30.

El criminal y un acompañante paseaban ayer a las 15.30 frente a la estación de Renfe de Chamartín. La empleada de un bar llegó a sospechar de la pareja al verlos merodear entre los coches. Diez minutos más tarde, Manuel Fernández abandonó su casa, el cuarto piso del número 39 de la calle de Mauricio Legendre. Según sus amigos, bajó a la calle de Francisco Palau para recoger su Ford Escort, estacionado frente a la Dirección General del Catastro.Una mujer vio cómo se le acercaba un hombre por la espalda. Se trataba de una persona de unos 30 años, con coleta, barba de cinco días y un abrigo gris. Iba armado con un cuchillo de grandes dimensiones. Amenazó a Manuel. "Le pidió las llaves del coche y se negó", dicen los testigos. Luego, trató de arrebatárselas. Al resistirse, se desató la tragedia. El acero del puñal llegó al corazón y los pulmones de Manuel. El agresor huyó en dirección al paseo de la Castellana con el cuchillo oculto en el abrigo. Nadie le siguió. Unos empleados del Catastro, un vigilante y un coche de la Unidad de Intervención Policial se acercaron al anciano. "Me han pinchado, me han pinchado", decía Manuel en su agonía. "No puedo respirar, me ahogo", suspiraba.

Su mujer, Encarna, bajó a la calle cuando llevaban a su marido a la ambulancia. Fue la última vez que lo vio con vida.

Madridista apasionado

Manuel, casado y con dos hijos, vivía desde 1968 en la calle de Mauricio Legendre. Era un hombre muy querido al que todos conocían por su pasión por el fútbol y el Real Madrid. "Debido a su carácter afable, seguro que pidió explicaciones al atracador", comentaban ayer sus amigos. "Alguien pacífico como él, más que resistirse, le diría que por qué lo hacía", agregó uno de sus conocidos.Manuel Fernández, jubilado del Banco Central Hispano, era un hombre feliz, que vivía en compañía de su hija y su mujer. "Ahora puedo disfrutar de la vida y pasear tranquilo", bromeaba con sus amigos. "Lo único que nos decía que no le gustaba era hacer la compra", dijo uno de ellos. Los vecinos de Mauricio Legendre aseguran que salen a la calle con miedo: "Esta zona es muy insegura y hay muchos robos y atracos", denunciaron anoche. "Habíamos tenido una temporada tranquila, pero en los tres últimos meses se han vuelto a disparar los robos", señaló una mujer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de enero de 1998

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