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FÚTBOL 21ª JORNADA DE LIGA

El respeto impuso un fútbol hueco

El Betis resiste en San Mamés con diez jugadores ante un Athletic inoperante

El partido nació con lastre, el que impone el exceso de rigor y la acumulación de respeto entre dos equipos que no sienten ni la necesidad ni la superioridad adecuada para imponer su criterio. Al Betis le pesaban las piernas y la inseguridad de una defensa recompuesta sobre la marcha. Al Athletic se le confunden en demasía las ideas y no halla ni el timón ni el toque para dar espesura a su juego. Si a la media hora el Betis se queda con 10 jugadores el partido se muere por inanición. Ni el Athletic asumió su superioridad, ni el Betis su presunta inferioridad. El partido se condujo sujetado por las mismas cadenas entre dos equipos que padecían el miedo a perder.La historia tenía mucho de encomiable por parte del Betis, que asumió la expulsión sin pestañear y se sometió a una prueba de esfuerzo sin que Luis Aragonés determinase ni una variación estratégica ni un solo cambio hasta los minutos postreros.

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Se trataba de una disputa un tanto visceral pero sobre todo espesa y tan rácana en oportunidades como generosa en esfuerzo. El Betis había accedido al partido con una cautela que trascendía a su alineación y se explicitaba en la ausencia de ocasiones a lo largo del encuentro. Lo suyo era una búsqueda permanente del control de la pelota y un sacrificio perpetuo en la presión, argumentos escasos para pretender jerarquizar un partido que se le antojaba demasiado grande.

Le salvó el Athletic que tampoco se disponía para exhibición alguna aunque aportaba cierta tenacidad por asomarse al balcón de Prats en alguna porfía. El Athletic malgastó tres cuartos de partido en una confusión diplomática: le temió al Betis por igual antes y después de la expulsión y sólo apeló para ganar el encuentro al espíritu agonístico que le caracteriza cuando no le asiste la clarividencia. Para colmo se quedó sin Julen Guerrero o lo, que es lo mismo sin munición. La entrada de Javi González acabó en anécdota, la de Ziganda constituyó una rémora: el otrora goleador rojiblanco sólo destacó por malgastar un gol ante Prats en el único error defensivo del Betis. El asunto discernía una actitud entragada del equipo bético y una cuestión de voluntariedad rojiblanca, sin demasiada dirección y ausencia de criterio. El Athletic gozó de la capacidad de recuperación de Urrutia, de la dirección (tardía) de Alkiza y la solidez defensiva que se le supone. A partir de ahí no hubo nada, ni una chispa de ingenio, ni un ramalazo racial, ni un asomo de rabia. Todo resultabad emasiado táctico como si el Betis hubiera logrado imponer cuando menos la psicología del partido.

Con Guerrero en el vestuario (tras una tarascada de Otero) y Alfonso desaparecido en el césped, el partido era una ofrenda al tedio, a la viscosidad de un fútbol demasiado domesticado, carente de imaginación. Las ocasiones resultaron casi anecdóticas: una vaselina a frustrada de Urzaiz en la primera mitad, y más tarde, ya en los estertores del partido el error inimaginable de Ziganda y un remate de Ríosque Prats despejó con agilidad.

Nadie impuso su voluntad. Fue una discusión igualitaria aunque al Athletic le quedase el regusto de que su oponente fuera similar sólo cuando padeció la inferioridad numérica. El Betis resolvió una cuestión de orgullo: debía resistir y lo hizo con dignidad aún a costa de arrastrar una imagen guerrillera pero poblada de dignidad personal y colectiva. La épica le sirvió para hallar su objetivo. No buscaba otra cosa que el empate. El Athletic quería ganar y no supo hacerlo. Su penuria ofensiva comienza a resultar alarmante. Sin Guerrero en el campo y con Joseba Etxeberria viviendo el fútbol con altibajos sus posibilidades de éxito se libran en la tómbola. Ayer no hubo premio.

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