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Tribuna:

Problema de todos

Muy probablemente la inmensa mayoría de los ciudadanos estará de acuerdo con la tesis del lehendakari Ardanza de que el terrorismo de ETA es un problema democrático interno de la sociedad vasca y no la expresión de un contencioso entre el pueblo vasco y el Estado español.Lo que ocurre es que de dicha tesis no puede derivarse la conclusión de que el terrorismo sea un problema exclusivamente vasco y no un problema de todo el país. En sí, la violencia terrorista es un problema interno de la sociedad vasca. En sus consecuencias, es un problema de todos.

En realidad, el terrorismo ha sido el fenómeno político singular que más influencia ha tenido y sigue teniendo en el sistema político español desde que se celebraron las primeras elecciones democráticas el 15 de junio de 1977. Sin terrorismo, no habríamos tenido un plazo máximo para la detención preventiva de 72 horas en vez de las 24 usuales' en los demás países europeos; sin terrorismo, no habríamos tenido la suspensión individual de garantías previstas en el artículo 55.2 de la Constitución y la legislación "antiterrorista" de desarrollo del mismo con todos sus problemas de constitucionalidad; sin terrorismo, no habríamos tenido la Audiencia Nacional y todas las perturbaciones que la existencia de dicho órgano ha producido no sólo en -el ámbito jurisdiccional, sino también en la vida política en general; sin terrorismo, no se habrían planteado las dificultades que se han planteado en la inicial puesta en marcha del jurado; sin terrorismo, no se habrían suscitado los problemas que se han suscitado en la gestión del Ministerio del Interior; sin terrorismo, no se habría mantenido la naturaleza militar de la Guardia Civil y la hipertrofia de alguno de sus acuartelamientos.

El listado es puramente ejemplificativo. El terrorismo ha marcado la vida política española y ha lastrado el desarrollo de nuestro sistema político mucho más que cualquier otra circunstancia. El intento de asfixia del sistema democrático a través de la liquidación de los concejales del Partido Popular (PP) en el País Vasco y no sólo en el País Vasco, pues no podemos olvidar que ETA atentó contra dos ediles del PP en El Rincón de la Victoria (Málaga) hace un par de meses, aunque afortunadamente no consiguiera su objetivo, es la última, por el momento, "aportación" del terrorismo a la democracia española.

Dicho de otra manera: la intensidad del enfrentamiento vasco hace que el conflicto salte por encima de las fronteras del País Vasco y afecte a toda España. En las páginas de información nacional de todos los periódicos hay más espacio dedicado a lo que ocurre en el País Vasco que a lo que ocurre en las demás nacionalidades y regiones juntas. Independientemente de nuestra voluntad, la violencia ha conducido a que País Vasco seamos todos los españoles.

Por eso seguimos no como algo ajeno sino como algo propio lo que ocurre en el País Vasco. Por eso la reacción de Ermua no hizo falta que se extendiese, porque en el resto del Estado se reaccionó simultáneamente. Por eso nos duele ver los enfrentamientos que se producen en la ejecución del Pacto de Ajuria Enea. Y por eso nos indigna que Xabier Arzalluz pida comprensión para los enfrentamientos entre los partidos firmantes de dicho pacto, comparando tales enfrentamientos con los que se producen en una comunidad de vecinos ante la decisión de poner macetas o embellecer el ascensor.

Las comparaciones siempre han sido odiosas. Pero, cuando está pasando lo que está pasando, comparaciones como ésta son algo más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de enero de 1998