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Tribuna:VISTO / OÍDO

Degolladores

No sabemos nada de Argelia: pero estamos ya dispuestos a intervenir en ella. Mandemos cuerpos expedicionarios, para que los reyes de cada uno de nuestros países les visiten, una vez que hayan pacificado. Somos los grandullones que defienden al inocente. El inocente es el degollado, y en esto no tenemos duda; pero acerca de quién o quiénes les degüellan, nuestra ignoracia es considerable. Vamos a enviar una comisión de información, que es lo único que acepta su Gobierno, orgulloso de su soberanía: tanto, que a esa comisión de información la informará él mismo. Es él quien nos informa de todo, que es muy poco: hace años que expulsa periodistas, que cierra zonas enteras del país; da él las cifras de muertos y las imágenes que suelen realizar las cámaras que manda. Ten celoso que su negativa a la pequeña intervención civil ha producido más sospechas aún de las que ya había sobre él: el que tapa, se tapa a sí mismo. Pero a nosotros nos interesa cargar la mano sobre los islamistas: son los terroristas. No hace falta que nos expliquen por qué los islamistas matan a su pueblo: es tan incomprensible como que lo maten sus milicias, militares o paramilitares. Ahora el Gobierno quiere dar armas al pueblo: eso significa producir somatenes, bandas, matones. Pueden combatir unas bandas de degolladores, no siempre armadas en el sentido que damos nosotros a esta palabra: puede bastarles con las manos, o con un cuchillo de cocina; pero pueden proteger a otras. Pueden matar por el poder. El poder lo tienen unos que son islamistas corrientes, porque lo robaron a otros más islamistas que ellos. Dudo que, en materia de degüellos, haya más moderación en un bando que en otro. El Gobierno de Argelia no sólo ha matado con frecuencia, sino que mata lentamente: de hambre. Desde que su revolución degeneró.¿Qué vamos a hacer nosotros, los europeos, los de la ONU o la UEO? Buscar alguna manera de defender a los degollados y, al mismo tiempo, el gas natural. Ya que los salvamos a ellos, salvemos nuestro gas y nuestro petróleo. Y, de paso, desprestigiemos a los islamistas, que son nuestros enemigos jurados: los enemigos de nuestro Israel; los de nuestros Gobiernos amigos en el mundo árabe. De los cuales no hay que creer que no son religiosos: tienen entre ellos la Meca, las universidades musulmanas, varias imágenes, miles de ulemas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de enero de 1998