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Una tormenta de hielo azota Canadá y deja sin luz ni calefacción a tres millones de personas

Tres millones de personas se han quedado sin luz ni calefacción en el sureste de Canadá. Una lluvia helada que ayer caía por quinto día consecutivo sobre la zona está paralizando toda actividad, ha cortado líneas férreas y eléctricas, ha provocado el caos circulatorio y una riada de intoxicados por monóxido de carbono en los hospitales. Al menos diez personas han muerto por una de las peores tormentas de hielo de la historia canadiense. El Ejército ha desplegado a sus tropas para colaborar en el restablecimiento del fluido eléctrico, tarea en la que trabajan 4.000 técnicos.

El centro de Montreal se sumió en la oscuridad total en la tarde del pasado viernes, justo en la hora punta. Decenas de semáforos dejaron de funcionar, y arterias completas de calles empezaron a cerrarse al tráfico cuando los trozos enormes de hielo empezaron a caer sobre algunos vehículos. Una parte de la red de metro de Montreal también quedó paralizada y el aeropuerto registró numerosos retrasos y cancelaciones. La ola de frío, afectó también gravemente al Estado norteamericano de Nueva York, hasta el punto de que el presidente Bill Clinton declaró el estado de emergencia federal.En total, cerca de 1,3 millones de hogares, equivalentes a la mitad de la población de la provincia de Quebec, se quedaron ayer sin luz y la mayor parte sin calefacción, a causa de la caída de torres del tendido eléctrico o el estallido de los transformadores.

Miles de personas tuvieron que acudir a centros de emergencia abiertos por la Cruz Roja, agencias humanitarias y los ayuntamientos para dormir e intentar pasar estas horas del crudo invierno. Los hospitales recibieron una avalancha de urgencias, tanto por parte de gente con los huesos rotos por alguna caída como de otros intoxicados por monóxido de carbono, provocado por el mal uso de aparatos portátiles de calefacciones de gas.

Cerca de 4.000 técnicos de la compañía Hydro-Québec trabajaban ayer sobre el terreno para restablecer el servicio eléctrico, apoyados por un millar de colegas norteamericanos y unos 2.600 soldados.

"La cosa está muy mal. Tenían que haber llamado al Ejército mucho antes", clamaba el pensionista, de 62 años, Raymond Portelance. "Estamos librando una batalla perdida", decía a su vez el portavoz de la compañía hidroeléctrica, Alan Manchee.

Al menos 10 personas han muerto debido a las tormentas de nieve, y la lluvia helada continuaba ayer extendiendo los problemas desde la capital canadiense, Ottawa, en Ontario, a lo largo de Quebec y hasta las provincias atlánticas.

La Agencia de Seguros de Canadá declaró que esta lluvia helada es el desastre natural más costoso que ha conocido la industria del seguro canadiense en toda su historia, con un coste de 350 millones de dólares (más de 50.000 millones de pesetas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 1998

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