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Tribuna:VISTO / OÍDO

Anguita

Lo que parece creer Anguita es que este país se ha quedado sin una izquierda parlamentaria que represente a unas clases empobrecidas, con trabajo mal pagado o mal contratado; y, peor, sin él. Y que esas clases van a aumentar sensiblemente en los próximos años, sobre todo a partir de la entrada en vigor de los acuerdos de Maastricht: su partido sería, entonces, esa fuerza que falta. Todo indica que no está equivocado, y las campañas vehementes, pero disfrazadas de las fuerzas en el poder y la caída también creciente de la oposición socialista lo demuestran. Pero la Izquierda Unida que sale de esta asamblea tiene sus debilidades. Una de ellas es el propio Anguita: verle en televisión, oírle en la radio, no debe producirle muchas adhesiones. Otra es la marca de fábrica que ostenta, submarina en IU: el comunismo ha sido descalificado. Sigue siéndolo: Anguita y el comunismo están continuamente atacados por el "pensamiento único" -debe leerse el libro de Estefanía contra ese neofascismo que flota por encima de todas las disidencias de prensa y política: se vuelcan contra ello columnistas, titulares, editoriales, dibujantes, discursos, declaraciones. Habrá que pensar que no es tan inofensivo.Más defectos para la opinión: sus alianzas oportunistas con la derecha para castigar al PSOE y la izquierda intelectual. Y la resurrección de la "política de secretario general" en el partido. No creo que González y Aznar sean o hayan sido más débiles que él en ese aspecto: son también partidos unipersonales. Pero aplicada en un partido comunista aparece más crudo el afán de totalitarismo. La declaración de que las diferencias se liquiden en IU sin que trasciendan es totalitarismo (para mí) grave; no peor que las de los partidos democráticos para acallar sus disensiones con respecto a ETA. Sólo con diversidad, con pluralidad, con dialéctica honesta, se puede trabajar. Hasta dentro de uno mismo. Todo esto es bastante serio y disminuye el precio en votos de Anguita: ya queda más bajo que antes en las encuestas. Pero hay que poner atención para que no se olvide. Si la derecha reinante sigue trabajando contra los sueldos y las atenciones sociales generales, si la izquierda nominal no los defiende, si se desdeñan sin investigación las semanas de 35 horas, si los sindicatos se aflojan más, Anguita habrá acertado con este mantenimiento de la "línea general" y de la descalificación de los que antes se llamaban "pactistas" o "desviacionistas de derechas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de diciembre de 1997