El rigor de la NBA

El base de los Warriors, Sprewell, despedido y suspendido un año por agredir a su entrenador

Latrell Sprewell, base All-Star de los Golden State Warriors, fue despedido por su club el pasado miércoles. Su contrato, de 32 millones de dólares (unos 4.800 millones de pesetas), fue rescindido en una decisión dura y sin precedentes en la NBA, tras el ataque físico que sufrió el entrenador del equipo de San Francisco, P. J. Carlesimo, por parte de Sprewell. Poco después, la propia NBA le sancionó con inusual dureza: una suspensión de un año sin sueldo.Es la primera vez en la historia de la NBA que se rescinde el contrato a un jugador por insubordinación. Anteriormente, dos jugadores, Roy Tarpley y Richard Dumas, vieron como sus contratos eran rescindidos tras violar la reglamentación relativa al abuso de sustancias estupefacientes.

Los graves hechos ocurrieron durante un entrenamiento del equipo, el pasado lunes. El entrenador increpó a Sprewell tras un error cometido por el base y éste se abalanzó sobre su entrenador, al que agarró por el cuello mientras amenazaba con matarle. En un principio el jugador fue separado por sus compañeros y se marchó al vestuario, pero pocos minutos después regresó y volvió a abalanzarse sobre Carlesimo, lanzándole un puñetazo que, según algunas versiones, impactó en el cuello del entrenador.

"No hay ningún deseo de alcanzar un compromiso", dijo Gary St. Jean, mánager del equipo. "Las malas conductas de muchos deportistas han sido tolerada demasiado tiempo por demasiados clubes. Nosotros hemos marcado la frontera. Algunas cosas son más importantes que ganar o perder, partidos".

Por su parte, el jugador realizó unas declaraciones a un canal de televisión de San Francisco en las que se mostraba arrepentido. "Quiero pedir perdón a los aficionados, a mi familia y a mis amigos", dijo Spreweel, omitiendo de forma clara a Carlesimo. "P. J. y yo hemos tenido muchas diferencias y es obvio que no nos llevamos bien... No podía seguir aguantando sus abusos verbales y sus insultos, que el entrenador nos ha dirigido a mí y a otros compañeros".

La NBPA (Asociación de Jugadores de la NBA), ha declara do que "apoyará incondicional mente al jugador" y prepara una apelación ante la NBA y ante los tribunales de justicia. Por su par te, los compañeros de equipo de SpreweIl se han solidarizado con su compañero, y Brian Shaw, que actuó como portavoz del equipo, indicó que "la rescisión de contrato era excesiva en relación a la falta cometida". Carlesimo, un técnico que viene del baloncesto universitario -donde el entrenador es, todavía, una autoridad incuestionable para los jugadores-, es un entrenador que cree en la disciplina férrea y en el control total sobre los jugadores. Es indudable que utiliza palabras muy gruesas hacia sus jugadores: tal vez como motivación, tal vez como muestra de autoridad. Es evidente que P. J. ha abusado verbalmente de sus jugadores: lo ha hecho en la Universidad de Seton Hall, en los Portland Trail Blazers y en los Golden State Warriors. Ha intentado trasplantar el concepto de entrenador y jefe supremo, asumido en el baloncesto colegial, pero no en el campo de batalla de la NBA. Y aquí es donde Carlesimo se ha encontrado con problemas. Su presencia en la Liga NBA será corta si no logra entender que la psicología hacia un grupo de jóvenes atletas -deportivamente superdotados multimillonarios y egocéntricos en su mayoria- puede ser tan importante como la táctica o la técnica individual.

El doctor Harry Edwards, sociólogo especializado en temas deportivos, ha lanzado un mensaje poco tranquilizador al analizar el incidente de Latrell Sprewell y P. J. Carlesimo: "Alguien va a morir un día de éstos. Un día, uno de estos jóvenes va a abandonar el entrenamiento y no va a regresar para lanzar un puñetazo a su entrenador (como en el caso de Sprewell). Va a volver disparando. Estamos reclutando a estos jugadores directamente de los campos de la muerte de Norteamérica. Estos jóvenes han crecido en la cultura más violenta que existe sobre la faz de la Tierra. Su pasado permanece con ellos. Adquieren riqueza, fama y dinero, pero siguen buscando el respeto. Mientras que Carlesimo podría haber estado buscado, únicamente, la atención y la concentración de Sprewell, Sprewe puede haber considerando que Carlesimo estaba tratando de humillarle.

El epílogo a esta historia es que los Warriors pierden a su mejor jugador. Pero Gary St. Jean ha declarado que era "una obligación moral despedir al jugador". Quizá para demostrar que la conducta de un jugador es más importante que su talento, El hecho más chocante del "asunto SpreweI" es que, por primera vez, un club despide a un jugador por mal comportamiento. Sin duda, en este caso, su mejor jugador, un All-Star y gran parte de la capacidad ofensiva de los. Warriors. El Golden State (que ha perdido 14 de los 15 partidos que ha disputado) se va a hundir deportivamente un poco más sin Latrell. Pero se hundirá manteniendo el principio de autoridad y disciplina. Los Warriors han querido reafirmar que no importa lo excelente que pueda ser la calidad deportiva de un jugador: la ética todavía tiene cabida en el deporte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 05 de diciembre de 1997.

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