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Crítica:

Taxi

22.45 / DramaEspaña, 1996. Director: Carlos Saura. Intérpretes: Ingrid Rubio, Carlos Fuentes, Agata Lys, Angel de Andrés.Saura regresa a los universos opacos del asfalto para rastrear, de la mano de una historia de amor entre adolescentes, en las raíces del fascismo, la xenofobia y otros dolores. El director retorna así los hilos que ya empleara en la confección de Los golfos, Deprisa, deprisa y, desde otro punto de vista, Los ojos vendados. La idea es acercarse al fenómeno de la brutalidad tribal desde un punto de vista desapasionado: el enemigo está cerca, es más, comparte las mismas sábanas. Ingrid Rubio, en una interpretación soberbia, descubre de repente que tanto su querido novio como su idolatrado padre son en verdad dos bestias de pelaje oscuro. Los problemas surgen cuando y en contra de la declaración de intenciones de realizador y guionista, los fieros nazis resultan ser unos personajes de puro plano decididamente increíbles. La esmerada y cálida fotografía de Vittorio Storaro, tan resolutiva en Flamenco, se antoja ahora contraria a los fríos propósitos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de noviembre de 1997