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Dedicación plena a la huerta, el rezo y la limpieza

"Si se las llevan a la fuerza es un crimen", así piensan los vecinos de Espinosa de Henares que viven al otro lado de las tapias del convento. A pesar de que la mayoría no ha visto jamás a las religiosas, viven desde hace un año pendientes de su destino.Sor Teresa, sor Francisca, sor Clara, sor Asunción y sor Inés, se levantan a las cinco y media y reparten su tiempo entre el cuidado de la huerta, el rezo y la limpieza del convento. No han 'pisado otro suelo desde hace más de 40 años. Sólo se comunican con el pueblo a través de la demandadora, una vecina que les hace los recados y vende el producto de su huerta, y por supuesto del capellán, el único autorizado para entrar en el convento.

Sólo en caso de necesidad puede también hacerlo el médico o algún hombre del pueblo para hacer una reparación o cuando muere una hermana y es necesario darle sepultura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de septiembre de 1997