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CARTAS AL DIRECTOR

La paz no lleva etiqueta

Soy lo que en la actualidad han denominado "víctima del terrorismo". Yo nunca me he llamado tal cosa, o al menos nunca me he sentido así. Sufrí, como otros muchos, una terrible injusticia. Pero veo que la injusticia está hoy a la orden del día. Ni mi familia ni yo nos creemos "mejores" porque nuestro padre muriese en un atentado terrorista. Y mucho menos se nos ocurre hacer publicidad ni sentirnos orgullosos por ese hecho. A este respecto no nos sentimos diferentes de las otras muchas personas que han perdido a sus seres queridos por diversas causas.Sin embargo, parece ser que hoy en día Ias víctimas del terrorismo" pueden sentirse orgullosas porque sus familiares murieron a manos de terroristas. Si hiciese caso a los medios de comunicación y mi padre hu-biese muerto de cualquier otra manera, como por ejemplo en una obra, pensaría que la vida es demasiado irónica, y que la suerte de Ias víctimas del terrorismo" es mucho mejor que la de aquellos que sufren en silencio la pérdida de sus seres queridos. Siempre había creído, y subrayo creído (porque por más que intentemos negarlo el ser humano necesita creer en algo), que la muerte no hacía diferencias. Pero sólo basta apretar un botón para darse cuenta que no es así. Cuanto más cruel es una muerte, más eco halla ésta en la sociedad.

Después del espectáculo del miércoles por la noche, y digo espectáculo porque no encuentro otras palabras para denominar la parafernalia en nombre de la paz, me doy cuenta que, hoy por hoy, también hacemos diferencias ante la muerte. Y así, las causas por la paz se alzan en pro de aquellos que murieron injustamente. El pueblo quiere justicia y recibe como respuesta vanas esperanzas y evasivas por parte de nuestros dirigentes. El pueblo quiere creer, luchar por algo justo, unirse por la paz y, en contra de la violencia, siguen ciegos a aquellos que tienen por habilidad hacer publicidad.

Surgen en estos tiempos una gran diversidad de fundaciones por la no violencia y me duele comprobar que llevan diferentes nombres..., pero la paz no lleva etiqueta. Alguien dijo una vez que la paz es universal y es nuestro deber recordar que todos tenemos que luchar para que esto sea posible, sin nombres, sin fronteras, sin colores.

Hemos dado un gran paso hacia adelante, sí; son cada vez más numerosas las manifestaciones por la paz, la gente ha roto el silencio, antes atenazado por el miedo, para luchar por un derecho que nos es propio al nacer: la vida. Pero en esta lucha no hay héroes, ni mártires, sólo inocentes y gente cansada de tanta violencia y odio engendrado. Debemos ir más allá, pero no aplaudiendo la crueldad de ETA con espectáculos que honren a nuestros muertos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de septiembre de 1997