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VUELTA 97

La ONCE revienta la Vuelta

Sólo Escartín y Dufaux resistieron a Jalabert y Zülle Olano perdió dos minutos

La Vuelta es una carrera fiel a su tradición y fiel a sus protagonistas. Como si se hubieran parado los relojes, como si no hubieran pasado dos años, como si en el mundo del ciclismo el paso de los días se hubiera detenido, no hubieran nacido estrellas, no se hubieran retirado mitos, como hace dos años: llega el primer día importante y llega la ONCE arrasando, más fuerte que nadie, Jalabert y Zülle al timón, llevándose por delante cualquier oposición. Sólo Escartín y Dufaux resistieron el paso de la apisonadora. Los demás fueron víctimas. Y los demás significa Olano, el ciclista en que los españoles habían depositado más esperanzas. El ciclista que más se jugaba en la ronda española. Y como entonces, como hace dos años, la Vuelta no ha hecho más que empezar. El guión sigue inamovible y el lado que ocupan los protagonistas, el mismo. La víctima no ha podido pasar a hacer de verdugo.El parte oficial de la batalla diría algo así como: coronando el trabajo devoto de Alberto Leanizbarrutia y Mikel Zarrabeitia en la ascensión del puerto del Mirador de la Cabra Montés, en la sierra granadina, Jalabert y Zülle han atacado. Sólo Escartín y Dufaux les han resistido. Perfectamente coordinados, los cuatro han aumentado su ventaja sobre un desorganizado grupo de 32 en el que viajaban, entre otros, Olano y Tonkov como alma en pena. Finalmente han alcanzado la meta de Granada, 42 kilómetros después de la cima, con 1.57m de ventaja. Zülle ha preparado el sprint a su compañero de equipo Jalabert, que se ha impuesto con facilidad y ha logrado, además, el maillot amarillo. Punto y final.

Somero recuento, que, sin embargo, no aclara nada. ¿Cómo han podido irse con tanta facilidad un Jalabert, que no es escalador nato, y un Zülle que, aparentemente, estaba corto de preparación? ¿Cómo ha viajado Olano como alma en pena? ¿Dónde estaba su equipo? ¿Por qué no se ha organizado la caza?

Todas las respuestas las tiene Olano. Si el guipuzcoano hubiera estado tan bien como él mismo esperaba -"yo no tengo ningún interrogante sobre mi capacidad en la montaña", decía en la salida- nada de lo que pasó probablemente habría sucedido. Para él, al contrario que para sus rivales, el tiempo ha pasado. Tan deprisa, incluso, que parece que ha asumido su cuerpo el que se ha detenido de los otros. "Tengo las mismas sensaciones que en el Tour", dijo Olano después de terminar la etapa. "Por más que quiero no ando". No ha pasado el verano, sus entrenamientos de recuperación, su exhibición en la Lagunas de Neila, en la contrarreloj de Bruselas, pero no es el mismo que hace dos años plantaba cara gallardo a Jalabert en todos los puertos, el hombre al que sólo el Mortirolo derrotaba en el Giro, o Larrau en el Tour. Mientras aguantaba como podía en el grupo de 28, rodeado de corredores a los que normalmente sólo enseñaba su espalda cuando quería -los chavales del Euskadi, del Estepona, el viejo Rominger y el viejo Chiappucci, el apajarado Tonkov-, rebajándose a pedirles ayuda directamente -sólo el sorprendente. De las Cuevas estaba vivo entre los de su equipo- y llevándose las evasivas de la mayoría hasta casi el final, mientras asumía una vez más el papel de sufridor, el papel que se había jurado no volver a interpretar. nunca, Olano se haría sólo una pregunta. ¿Qué me pasa? No hay respuesta. La Cabra Montés fue su Tourmalet, su Glandon, su Courchevel, su Madeleine, todos los puertos que se sudó en el Tour a cámara lenta.

Jalabert confesó que sólo habían tensado la cuerda -increíble otro viejo, Leanizbarrutia, haciendo la ascensión él solo al ritmo marcado por un Jalabert que a sus espaldas se levantaba de la bicicleta y oteaba el panorama, las bocas abiertas de muchos, el inexplicable reventón de Jiménez, Olano en medio del grupo y no delante, Casero perdiendo puestos en cada pedalada, Tonkov haciendo muecas de dolor- para dejar a los rivales sin equipo, ganar la etapa y, gracias a las bonificaciones, vestirse de amarillo. "Por casualidad les he dejado sin equipo y sin ellos".

Extrañamente es Zülle y no Jalabert el gran favorecido del día. El suizo, maestro contrarreloj y duro en la montaña, es, desde ayer, el gran favorito..

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de septiembre de 1997