Huarte achaca a un fallecido el pago de 700 millones en comisiones a Luis Roldán

La presencia de un muerto al que cargar la responsabilidad no podía faltar en el caso Roldán. Y ayer, por fin, hizo su aparición esta singular figura puesta de moda en el caso Filesa, cuando los directivos del BBV declararon que fue el fallecido Pedro de Toledo quien encargó los informes falsos pagados por ese banco para financiar al PSOE. En este caso, se trata de Alfonso Ochoa de Olza, un directivo de Huarte ya fallecido.

El testigo Felicísimo Ramos Ramos, jefe de administración de la citada constructora, tuvo que responder ayer ante el tribunal sobre las facturas que Huarte abonó a las empresas fantasmas J.M. Estudios y Proyectos, Fox Estudios y Gextex Estudios, por informes inexistentes. Unas sociedades que, según el fiscal Alejandro Luzón, sirvieron de tapaderas para justificar el pago de los 700 millones de pesetas que Huarte abonó en comisiones ilegales al clan Roldán a cambio de los 17.000 millones en obras de cuarteles que le adjudicó el ex director de la Guardia Civil.Alfonso Ochoa de Olza, natural de Pamplona y directivo de Huarte durante más de 30 años, falleció a los 57 a causa de un aneurisma de aorta. Mario Caprile, que fue procesado en esta causa por un presunto delito de cohecho y que no está siendo juzgado al haber prescrito, se amparó también en el directivo fallecido durante su declaración ante el juzgado de instrucción número 16 de Madrid, que realizó la instrucción de la causa. Familiares de Ochoa de Oiza aseguran a EL PAÍS que su padre está siendo utilizado y que era ajeno a toda esta trama. La misma opinión la comparten los fiscales.

Los informes se destruyeron

Ramos declaró ayer que fue el procesado Jorge Esparza, entonces director comercial de Huarte, quien le entregó un folleto de estas tres empresas y reconoció la firma de este último y de Manuel Carbajosa Ruiz del Arbol, director de explotación, en las facturas que les entregaban. "Me dijeron que eran empresas que se dedicaban a conseguir obra privada", dijo. "¿Pero se realizaron los trabajos e informes que aparecen en esas facturas?", le insistió el fiscal. "Esos informes se destruyeron. No hay espacios para guardar todos esos documentos. Necesitaríamos el estadio Bernabéu para guardarlos. Sólo conservamos las facturas".El testigo no supo explicar por qué el monto de esas facturas era siempre el 5% exacto de la adjudicación a Huarte de cuarteles como el de A Coruña o Teruel, entre otros. También reconoció que fue Esparza quien se relacionó con estas tres sociedades fantasmas, sin actividad.

Francisco Guillén González, ex jefe del departamento de finanzas de Huarte, reconoció ayer ser el titular desde 1987 de una cuenta en el banco ginebrino CBI-TDB, el mismo que utilizaron Roldán, Esparza, Gabriel Urralburu y Antonio Aragón, y aseguró que acudió a esa entidad por recomendación de Esparza. En su cuenta se ingresó uno de los cheques de Siemens de 300.000 marcos alemanes (unos 30 millones de pesetas) el 10 de octubre de 1990. En el dorso del mismo aparece la firma de Esparza. Otros talones similares se ingresaron en las cuentas de los procesados, así como en las de los dos ex dirigentes socialistas navarros. "No sé quién lo ingresó ni por qué. Yo pedí al banco que me hiciera un cambio de moneda. Sólo sé que me ingresaron 300.000 marcos", aseguró el testigo. "¿Y cuándo se enteró usted de que tenía en su cuenta un talón de Siemens?", le preguntó Luzón. "Por desgracia me enteré por EL PAÍS", respondió. Guillén fue socio de Elena Alejo Pacheco, esposa de Esparza, en la sociedad Esguian Inversiones, S.L. El testigo juró desconocer que Esparza y los otros procesados tenían cuentas en el mismo banco suizo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de julio de 1997.

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