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"La fuga se la han puesto en bandeja""

"Lo único que digo es que siempre ganan ellos. De qué me sirve a mí tanto magistrado si luego le dejan escapar", se lamentaba ayer la madre de Iñaki Mendiluze, uno de los dos ertzainas asesinados aquella dramática mañana de diciembre de 1995 en el caserío de los Otegi en Itsasondo, vacío y silencioso estos días en los que no se registra movimiento alguno. La posible desaparición de Otegi después de que el Tribunal Superior decretara recientemente la repetición del juicio con un nuevo jurado popular monopoliza la atención de los guipuzcoanos, que no han olvidado aún la conmoción y la alarma que produjo el veredicto de inocencia.En el domicilio de los Mendiluce en Zumárraga la indignación era ayer patente. Los padres de una de las dos víctimas se quitaban la palabra para expresar su malestar ante el previsible desenlace de este episodio judicial que tiene trazas de terminar en fuga. "De qué nos sirve que nos digan que se ha anulado el juicio, que hay que repetirlo, si le dan la oportunidad de escaparse y no toman medidas", exclamaban en tono de furia contenida, y se preguntaban a quién hay que "exigir cuentas" por esta previsible fuga.Durante estos meses en los que Mikel Otegi ha estado libre y ha residido en Itsasondo, una pequeña localidad distante poco más de quince kilómetros de Zumárraga, los Mendiluce no han podido quitarse de la cabeza el fantasma de su recuerdo.

Los constantes testimonios que amigos y vecinos les han tenido al corriente de sus movimientos, si participaba en una manifestación abertzale o si estaba en cualquier fiesta popular.Pero ni los padres ni los hermanos de Iñaki Mendiluce se han encontrado con el joven simpatizante de Jarra¡. "Se la han brindado. Le han puesto la fuga en bandeja", se quejaban."A nosotros todo esto nos ha humillado hasta la saciedad. En primer lugar, con el juicio y esa absolución que nadie entendió. Y ahora, después de que otro tribunal dicta que hay que repetir el juicio, resulta un sufrimiento tener que oír que se ha fugado. ¿Dónde está la competencia? Esto no es moral ni es inteligente, no es de sentido común y cada día las cosas están peor. Esto nos está quitando la salud; yo tengo un dolor de cabeza constante que me llega al alma y al corazón".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 1997