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Una lámina de Goya permite reconstruir la evolución del lenguaje para sordos en España

Dos historiadores catalanes desvelan nuevos datos sobre la biografía del pintor

Goya era sordo. Esto no es ninguna novedad. Lo que sí es menos conocido es que su sordera comportó que Godoy impulsara la creación de la primera aula para sordos en España. Y es curioso que tuviera que ser la lesión de un pintor real la que motivara este hecho porque el primer alfabeto para sordos lo ¡Inventó un español, Juan Pablo Bonet (1573-1632), en 1620. Los historiadores Antonio Gascón y Ramon Ferrerons realizaban un estudio sobre Bonet cuando toparon con datos referentes a una lámina de Goya que representa de forma didáctica un alfabeto manual y que, en su opinión, permite reconstruir la evolución del lenguaje para sordos en España y aporta nuevos datos a la biografía del pintor.

La existencia de esta lámina era conocida. De hecho, explican Gascón y Ferrerons, en los años veinte la documentó el estudioso Francisco Javier Sánchez Cantón, pero no aparece en ninguno de los principales cátalogos de las obras de Goya. "Se pensaba que esta lámina era un estudio artístico de manos, pero de hecho se trata de un dibujo pedagógico para enseñar a comunicarse con las manos", afirma Gascón. El hecho de que en este dibujo el artista indique en algunos signos con trazo grueso el movimiento de arco de círculo preciso para expresar otro signo demuestra su finalidad didáctica. La lámina, realizada en tinta sepia sobre fondo ocre, se encuentra catalogada desde principios de siglo en una institución privada madrileña, cuyo nombre han pedido a los historiadores que no desvelaran de momento, y no se ha exhibido nunca públicamente. Los dos estudiosos confían en que pueda mostrarse en otoño coincidiendo con la publicación en el boletín del Museo del Prado de un trabajo suyo sobre esta lámina."Se habla de la sordera de Goya como si fuera la falta de un dedo o algo parecido, pero es algo muchísimo más grave, agudizado por la situación de la época", comenta Ferrerons, que recuerda que la mayoría de sordos -es decir, los del pueblo llano- eran tratados generalmente como locos y no tenían acceso a ningún tipo de educación, ni siquiera la religiosa. "Esta lámina demuestra que Goya conocía el lenguaje de las manos, aunque no sabemos aún quién fue su maestro, ni dónde lo aprendió, ni tampoco a quién iba dirigido el dibujo".

El artista enfermó hacia 1792, un año antes de iniciar su conocida serie de grabados Los caprichos, y de resultas le quedó una sordera profunda y permanente. En marzo de 1794, el artista escribió en una carta a su amigo Zapater que en una reciente reunión con

Godoy éste había aprendido a hablar "por la mano" para poder comunicarse con él. De hecho, la sordera de Goya animó a Godoy a interesarse por los problemas de los sordomudos y en 1795, por primera vez en España, se destinó en las Escuelas Pías de Lavapiés, en Madrid, una aula para la enseñanza de sordomudos, y ya en en 1802 se abrió para ellos el primer colegio. Durante estos años aparecen diversos elementos qué dan cuenta de la gravedad de la sordera de Goya, que, por ejemplo, le obligó a renunciar a la dirección de pintura de la Real Academia de San Fernando.

Goya dibujó esta lámina, titulada Las cifras de la mano, en 1812 en la residencia de los duques de Alba en Piedrahíta. Ferrerons y Gascón explican que este dibujo presenta algunas variaciones respecto al alfabeto divulgado casi 200 años antes por Juan Pablo Bonet, como la ausencia del signo x o la presencia de diferencias en la configuración manual o la orientación de la palma en signos como la c o la q. En su opinión, sin embargo, "la aportación fundamental, a la historia del lenguaje de signos es que pone de relieve el primitivo topos del signo alfabético, distinto al actual, situado ante el cuello y la parte superior del pecho para que el interlocutor pueda captar simultáneamente la expresión del rostro". En los siglos precedentes, los signos alfabéticos se ejecutaban en el espacio a la altura de la cintura.

"La lámina de Goya es importante porque permite ver la evolución de las letras y realizar un estudio cronológico de su evolución", explica Gascón. Hay que tener en cuenta que se trata de un alfabeto manual que representa letras, a diferencia del lenguaje de signos, que expresa ideas o palabras. Los dos historiadores creen que es muy probable, aunque no se ha demostrado, que Goya acabara adoptando el lenguaje de signos por ser más rápido.

Una historia allada

Antonio Gascón (Barcelona, 1949) y Ramon Ferrerons (Barcelona, 1951) son unos historiadores atípicos que trabajan por cuenta propia removiendo archivos y documentos, generalmente de la zona aragonesa. Para realizar el libro sobre Bonet, del que se publicó la primera parte en 1995 (Juan Pablo Bonet. I. Su tierra y su gente. 1573-1607. Diputación de Zaragoza), tardaron nueve años y ahora están elaborando la segunda parte de la biografía.Ambos historiadores tienen una sensibilidad especial por la historia de los sordomudos. "En España hay más de un millón de personas aquejadas de sordera, pero ni siquiera ellas mismas pueden conocer su historia porque nadie parece interesado en explicarla", comenta Ferrerons. "De hecho, nuestros trabajos son a la vez historia y denuncia". Explican que, por ejemplo, la mayoría de la gente está convencida de que el lenguaje de signos es universal, una especie de esperanto. Pero no. "Sólo en España hay dos idiomas de signos", afirman. "El central, que se utiliza en casi toda España, y el catalán, además de variantes dialectales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de junio de 1997

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