Bolero para un crimen
Un despecho amoroso guió los pasos del hombre que asesinó a una mujer en Argüelles

Al fondo sonaba un bolero, hondo y dulce. Pedro Moreno Aguado, de 70 años, miró entonces a Concepción Serrano Herrera, de 63, y quiso repetir, como tantas otras noches, su baile de viudos por la penumbra de la discoteca La Carroza. Pero Concepción, aquel viernes 6 de junio, le rechazó de nuevo. Le repitió que todo había acabado y se marchó con otro a bailar el bolero de los suspiros. Pedro no lo resistió. "Me lo vas a pagar y bien caro", gritó. Al día siguiente, según la policía, cumplió su amenaza.Eran las 7.45 del sábado 7 de junio. Dos enfermeras del Hospital Militar de Madrid tomaban un café en un bar de la calle de Joaquín María López, la misma por la que a esa hora andaba Concepción. La mujer se dirigía, como siempre desde 1974, a su trabajo de limpiadora en la iglesia de Santa Rita, en el barrio de Argüelles (Chamberí).
Caminaba tranquila. Aún tenía por delante un cuarto de hora antes de que empezase su jornada laboral. Por detrás, sin embargo, le seguían unos pasos torcidos. Se trataba de Pedro.
El hombre, aquella mañana, se había enguantado las manos y calado la gorra de visera. Caminaba con prisa. Dentro de su chaquetón latía el rencor en forma de una hoja de sierra. Él mismo la había afilado la víspera.
A la altura del número 68 de la calle de Joaquín María López, a escasos metros de la iglesia de Santa Rita, Pedro alcanzó a Concepción. Sería la última vez. Pedro Moreno Aguado sacó la puntiaguda sierra y, en plena calle, asestó dos cuchilladas a la mujer. Luego, vaciada la venganza, huyó a la carrera.
Pero Concepción aún no había muerto. La viuda, con un tajo en el cuello y otro en el pecho, agonizaba tendida en la calle. "Me ha matado, me ha matado", alcanzó a gritar.
Las dos enfermeras del Hospital Militar oyeron el lamento y dejaron su café. Se lanzaron a la calle y auxiliaron a la malherida. Poco podían hacer. Por el corte del cuello manaba sangre a mansalva. Una patrulla de la Policía Municipal, avisada por los vecinos, acudió al lugar. Ante la gravedad de la lesión, los agentes encendieron la sirena y trasladaron a la herida al Hospital Clínico San Carlos. Cuando Concepción ingresó en el servicio de urgencias, aún respiraba. Los médicos se volcaron en salvarla, pero a los pocos minutos murió.
Entretanto, Pedro había regresado a su casa de la calle de la Palmera, en el barrio de La Ventilla. Por el camino, según confesó luego, se deshizo de la sierra con la que había dado muerte a Concepción.
El caso recayó en el grupo de Homicidios de la Brigada de Policía Judicial. Los agentes no encontraron muchas dificultades en percibir detrás del crimen el aliento del despecho cuando los familiares y los conocidos de Concepción les hablaron de Pedro y de la amistad que durante un largo año había mantenido con la víctima y que recientemente se había quebrado. Una amiga de Concepción incluso les relató cómo Pedro había amenazado a la mujer la noche del viernes en la discoteca La Carroza.
A última hora del lunes, Pedro fue detenido junto a su domicilio. En la vivienda fueron encontrados la gorra de visera y los guantes que llevaba la mañana del crimen.
En las dependencias policiales de la plaza del Marqués Viudo de Pontejos, Pedro se derrumbó y confesó. "Me volví loco", les dijo a los agentes. El hombre, según la policía, contó que la noche del viernes acudió a La Carroza para pedirle a Concepción que volviese con él. La mujer le contestó que no, que todo había acabado, y se marchó a bailar con otro hombre. Fue entonces cuando Pedro, preso por la ira, la amenazó delante de una amiga y concibió la forma de su muerte.
Pedro Moreno Aguado pasó ayer a disposición judicial. La afilada arma del crimen aún no ha sido hallada.
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