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CICLISMO

Gotti devuelve el Giro a Italia

Es el primer italiano en ganar la carrera rosa desde 1991

El Saeco puede vanagloriarse con justicia de ser el corazón del ciclismo italiano. Desde que Franco Chioccioli se impusiera en el Giro de 199 1, ningún corredor italiano había ganado su carrera más querida, el Giro -ni siquiera una gran ronda por etapas: la última Vuelta italiana fue la de Giovannetti en el 90 y el último Tour, el de Gimondi en el 65-, hasta ayer, en que un menudo escalador bergamasco de 28 años que atiende por Ivan Gotti, encuadrado en el Saeco, devolvió a su pueblo la maglia rosa. En el interregno sufrieron el dominio de Induráin (1992 y 93), del suizo Rominger (1995) y de dos rusos, Berzin (94) y Tonkov (96). Este último terminó segundo en esta edición. El podio lo completó un corredor oscuro, también escalador, Giuseppe Guerini.El Saeco puede vanagloriarse también de, en imitación al Telekom del pasado Tour, haber logrado que en el mismo entramado convivieran a la perfección dos estructuras con dos objetivos: la de Gotti y su búsqueda de la maglia rosa, y la del hasta entonces tenido por individualista irredento Mario Cipollini. Gotti ganó el Giro y Cípollini no sólo terminó la carrera -hecho insólito-, sino que ganó también la última etapa -tradicional llegada a Milán- y elevó a cinco su récord personal en el Giro.

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Que un ciclista como Gotti -un buen escalador con bastante puntos flacos en otros terrenos: sus mayores éxitos hasta ahora habían sido un fugaz paso por el liderato del Tour 95 (5º puesto final) y la victoria en la etapa del Mortirolo del Giro 96- haya podido ganar el Giro significa para muchos que la carrera italiana ha estado desequilibrada tanto en participación -han faltado todos los pesos pesados del Tour- como en recorrido: sólo la montaña ha decidido. En este terreno, la carrera fue un duelo Tonkov-Gotti -Pantani y Leblanc, también pretendientes, abandonaron por sendas caídas- en el que el italiano supo aprovechar el mal día del ruso en Cervinia y su caída en la etapa del Pordoi. El último día fuerte, el del Mortirolo, se quedó en fiasco: Tonkov se rindió a mitad de la ascensión y convenció a Gotti de que no lo atacara y le ayudara a ganar la etapa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de junio de 1997