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Cartas al director

La apuesta de Anguita

Ni soy comunista, ni votante de IU, ni Julio Anguita me es particularmente simpático. Sin embargo, es mi opinión que en el artículo firmado por Javier Varela el pasado 2 de mayo, titulado La apuesta de Julio Anguita, se hace una crítica rabiosa, malintencionada y tendenciosa del coordinador de IU, en la que, mezclando tirios y troyanos y atacando las más de las veces a su persona y no a su política, se cae en una serie de descalificaciones personales, gratuitas e innecesarias, que no deberían tener cabida en un periódico generalmente objetivo como EL PAÍS.En ese extenso artículo se llama a don Julio nada menos que iluminado religioso, confuso, ignorante, caudillo, mesías o caudillo populista y mesiánico, arbitrista, enemigo del mundo moderno, héroe trágico, integrista iluminado, papa de fieles y creyentes, ridículo, profeta, grotesco, intransigente, incoherente, megalómano, sedicente, absurdamente cabezón... El señor Anguita resulta además ser descendiente de Robespierre el guillotinador, impostor (¿es que será un extraterrestre ladrón de cuerpos?), y ya el colmo: el simple hecho de tomar unas copas supone una comunión mística con la gente, lo que me preocupa mucho, porque yo hago lo mismo todos los fines de semana con mis amigos, sin enterarme hasta ahora de la profundidad simbólica de mis actos...

Nunca creí que tuviera que decir esto, pero el artículo de marras me recuerda al estilo de cierto otro periódico progubernamental y antiguiñolesco. De pena.-

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