Cada cuerdo con su tema
Los tiempos cambian que es una barbaridad. Y si no, esperen que les cuente. Cuando mi abuelo era joven, allá por los tiempos de maricastaña, y se encontraba con un viejo amigo, uno de esos amigos de la infancia con los que uno topa de pitos a flautas, ambos se descubrían la cabeza y, después de un breve preámbulo, ponían de vuelta y media al político de turno. Como ocurría que uno era partidario de Azaña y el otro de Calvo Sotelo, se cubrían la cabeza y si te he visto no me acuerdo. Cuando volvían a coincidir un año después se cambiaban de acera para no estropear los viejos recuerdos con un intercambio de mamporros.Por supuesto, ni mi abuelo ni su amigo estaban locos.
Luego viene mi padre. Mi padre fue joven en los tiempos gloriosos del Real Madrid y de las chicas de la Cruz Roja. Cuando se encontraba con un viejo amigo de la infancia se saludaban con un formal apretón de manos y, caray, de qué pie cojeará éste, pensaban. Para no meter la pata, hablaban de la familia, de la novia, de Di Stéfano y de Kubala. Al año siguiente, ambos ya estaban casados y esperaban retoños. Para celebrarlo intercambiaban sendos cigarros puros.
No hace falta decir que tampoco mi padre ni su amigo estaban locos.
Y ahora me toca a mí, que he sido joven en los tiempos del bakalao y de las máquinas de marcianitos. La otra semana me crucé por la calle con un viejo amigo de la infancia. Él no me vio, pero yo le abordé por la espalda.
-¿Paco? ¿Eres Paco? ¡No me digas que no me reconoces!
Finalmente, Paco me reconoció. Me contó que era administrativo, pero que estaba en paro.
-¿Y tú?
-Tres cuartas partes de lo mismo. ¿Qué tal tu hermano?
-Tirandillo, con un taxi, con un contrato de temporada. Yo estoy a ver si me preparo unas oposiciones...
-¿Y tus padres? ¿Todos bien?
-Ya jubilados, gracias a Dios.
Como ven, una charla cordial como otra cualquiera. El año que viene, si vuelvo a. encontrarme con Paco, le preguntaré si consiguió superar esas oposiciones. En fin..., lo que les decía, que los tiempos cambian que es una barbaridad. Y, aunque parezca lo contrario, mi amigo y yo tampoco estamos locos.-


























































