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Un pacto sobre la fecha de retirada de tropas facilita el acuerdo de Hebrón

La mediación nocturna de Hussein de Jordania ha logrado en una hora suprimir el principal obstáculo que impedía la finalización del acuerdo de Hebrón: la fecha de la última retirada del Ejército israelí para completar la evacuación de Cisjordania. Israel y la Autoridad Nacional Palestina han aceptado un compromiso: el 31 de agosto de 1998. Un año más tarde de lo previsto en los acuerdos de Oslo, que era el 7 de septiembre de 1997, pero también un año más pronto de lo que quería el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

En realidad, ese compromiso ya había sido sugerido por el mediador de Estados Unidos, Dennis Ross, hace una semana, pero Yasir Arafat, sometido a las presiones de diversos dirigentes árabes, y sobre todo de Hosni Mubarak, tenía graves problemas para ceder. Ha sido, por tanto, la intervención del rey de Jordania -en respuesta a un mensaje directo del presidente de EE UU, Bill Clinton- el que ha terminado por inclinar la balanza hacia el compromiso.Entonces, ¿está bien lo que bien termina? Esto sería muy simple para Oriente Próximo. Ayer los dos equipos de negociadores, palestinos e israelíes, trataron de poner sobre el papel el acuerdo logrado oralmente por sus grandes jefes. ¿Y qué se podía esperar? Surgieron dificultades. Se discutirá toda la noche del lunes al martes y si el acento está sobre el "sí", se llegará a un entendimiento en todos los párrafos. Entonces, Saeb Erekat y el general de la reserva Dan Shomron, que dirigen los equipos negociadores palestino e israelí, "podrán poner el martes 14 de enero, su rúbrica al final del acuerdo", declaró anoche el adjunto de Arafat, Abu Mazen, llegado de Gaza para facilitar el entendimiento. El ministro israelí de Defensa, Isaac Mordejai, también se mostró confiado en que hoy esté terminado el parafraseado del texto.

A fin de cuentas, son los norteamericanos los que se han llevado el gato al agua. Por una parte, Ross declaró el domingo por la mañana que se iría de la región si no se alcanzaba un acuerdo el domingo por la tarde. Por otra, el presidente Clinton personalmente, después de que durante semanas no hubiera tomado posición, convenció al rey Hussein de que todo estaba maduro para un compromiso y que su autoridad -que hasta ahora había dejado la vanguardia al presidente Mubarak- podía ser decisiva en esas horas cruciales.

Después de llamar por teléfono a Arafat y a Netanyahu, Hussein saltó a un helicóptero.

Los egipcios, de momento, no han dicho nada, pero no están contentos, según fuentes de El Cairo. En realidad, ése sí se ha conseguido, en el fondo, de una forma simple: mientras Mubarak y su ministro de Exteriores, Amr Mussa, continuaban enviando mensaje tras mensaje a Arafat para que no cediese sobre la fecha del 7 de septiembre de 1997 y, por tanto, que no aceptase el compromiso propuesto por Estados Unidos, Hussein ha hecho exactamente lo contrario.

Mientras tanto, en Israel, la oposición a Netanyahu en los medios de la derecha nacionalista y religiosa pretende organizar una revuelta en el seno del Gobierno. Por el momento, siete ministros han declarado públicamente que votarían contra el acuerdo sobre Hebrón; ocho votarán a favor y tres continúan dudando. Es precisamente alrededor de esos tres ministros donde se juega todo. Si dos de esos ministros se unen a la oposición, Netanyahu puede aún ganar, ya que dispone de un voto doble en virtud de la nueva legislación. Pero si los tres ministros le abandonan, el acuerdo no será ratificado por el Gobierno.

La dirección de los colonos judíos ha enviado a sus mejores "persuasores" a seguir a cada uno de esos tres ministros para convencerles de que Netanyahu ha traicionado sus promesas electorales y ha puesto en peligro su seguridad y la de todo Israel.

Anoche, cuando los negociadores israelíes, palestinos y estadounidenses se encontraban reunidos en un hotel de Jerusalén para ultimar el texto del acuerdo -sólo faltaba una "carta de garantías de EE UU" de que se cumpliría lo pactado- tuvieron que ser evacuados urgentemente "por razones de seguridad". Durante la tarde, un grupo de ultranacionalistas judíos se manifestaron ante ese hotel en contra del acuerdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de enero de 1997

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